jueves, 31 de mayo de 2018

Hipocentauro: el príncipe de los centauros

Se dice que los centauros eran excelentes cazadores y guerreros. Estas criaturas estaban provistas de una inteligencia y destreza humana, pero también de la velocidad de un corcel de carreras. Al ser mitad humano y mitad caballo podían aprovechar lo mejor de cada una de esas especies para llevar a cabo sus tareas cotidianas y bélicas.
 

En general eran seres belicosos, que trataban de penetrar en el bosque dominado por minotauros. Si bien poseían armas y corazas de acero, jamás lograban vencer a la fuerza bruta de los minotauros, quienes eran capaces de resistir el impacto de lanzas y dagas.
Un guerrero con mucho poder.
A través de los años, su impulso por adueñarse del llamado “bosque taurino” fue en aumento. Y cada vez eran más y más los centauros que se transformaban en víctimas de los minutauros, los cuales eran menos belicosos, pero a la vez muchísimo más destructivos cuando tenían que defenderse cuerpo a cuerpo.

Es así como la guerra entre minotauros y centauros se fue haciendo infructuosa para estos últimos: por cada minotauro muerto, perecían casi una decena de centauros. Ello era explicable por la descomunal potencia física de los minotauros, los cuales no necesitaban armas para tener que luchar con sus oponentes.

El “bosque taurino” era la causa de los enfrentamientos entre ambos bandos. De este lugar se podían obtener alimentos, ya que todos los árboles producían sabrosos frutos, ideales para la población eminentemente herbívora de centauros y minotauros. También, dicho bosque era sinónimo de seguridad, pues era un lugar muy recóndito y difícil de penetrar, por su abundante vegetación de plantas venenosas. Y quien lograra dominar ese territorio, era capaz de tener un bastión inexpugnable y también asegurarse no pasar hambrunas.

Un día apareció un centauro con una capacidad de liderazgo, fuerza física y una destreza en usar las armas que ningún otro centauro poseía. Pero este ser tenía una particularidad: si bien la mitad inferior de su cuerpo era la de un equino y la superior era humana (al igual que todos los centauros), su cabeza era de caballo y no de humano. Una extraña mutación que no dejaba de llamar la atención entre sus compañeros. Por eso, este mutante era conocido simplemente como “Hipocentauro”.

Dentro de los centauros iba tomando fuerza la idea de que fuera Hipocentauro quien los podría guiar a un triunfo sobre el ejército de minotauros, y que así de una vez por todas podrían apoderarse del bosque taurino. Hipocentauro se entrenaba con dureza: quería llegar a ser el mayor guerrero que haya existido y convertirse en el líder indiscutido de su pueblo.

Más que un guerrero, una leyenda.
Un día, Hipocentauro paseaba muy cerca del límite donde comenzaba el bosque taurino. Y, estimulado por un extraño instinto, se adentró en el frondoso paraje. Una vez ahí, de inmediato empezó a sentirse observado. Cada vez que avanzaba, con su elegante galopar, sentía que quien lo estaba mirando estaba más cerca. En eso se le aparece un joven guerrero minotauro. Hipocentauro saca su arma y lo encara. En eso, el minotauro le dice “no me ataques, tú no eres como el resto de los centauros”. Hipocentauro parece hacer caso omiso y se lanzó sobre el taurino, haciéndole un corte en el brazo. El minotauro rugió con fuerza, y le volvió a repetir “No me ataques, eres de los nuestros”.

Hipocentauro se extrañó y lo dejó hablar. “Tú no tienes ese lado humano de la codicia que poseen los centauros. Eres un ser diferente, un hipocentauro. En nuestro pueblo hay una antigua leyenda que dice que un día llegará un Hipocentauro, que va a tener más de animal que de humano, y que será el que va a unir a ambos pueblos. Nosotros los minotauros somos pacíficos, los centauros son los belicosos que quieren apoderarse de nuestro hogar. Lo que hacemos es defender lo que nos pertenece”, argumentó el joven minotauro.

En ese momento, Hipocentauro comprendió que estaba entrenándose para una guerra sin sentido: una guerra que no tenía motivo de existir y en la cual tampoco habían posibilidades de triunfo. Así que, en ese instante, decidió no volver adonde los centauros, pues jamás lograría convencerlos de lo contrario, ya que eran criaturas que necesitaban estar peleando siempre. Pero, para no sentirse un traicionero de su pueblo, tampoco se iría con los minotauros. De esa forma, partió a conocer nuevas tierras, nuevos horizontes, para vivir en paz, y alejado de las batallas entre culturas que no tenían el por qué ser enemigas entre sí.

miércoles, 30 de mayo de 2018

Mitos y realidades de la impresionante leyenda del Hombre Lobo

Diversas enfermedades, como así también ciertos acontecimientos delictuales provocados por mentes psicópatas le fueron dando forma a una leyenda que se mantiene vigente hasta nuestros días.


Hombre lobo
El Hombre Lobo es uno de los mitos más asombrosos de los que existan relatos, pero ¿qué hay de cierto tras esa leyenda de un humano que se transforma en un monstruo peludo durante las noches de luna llena, para atacar a sus víctimas, y que sólo puede ser asesinado con una bala de plata? De algo sí que no caben dudas: diversas patologías, como la Hipertricosis congénita, la Psicosis por Wendigo y la Porfiria, han contribuido a acrecentar el nombre de esta criatura mitológica.

Las tres son claros ejemplos de cómo, en algunas ocasiones, la realidad supera con creces a la ficción. La primera (Hipertricosis), también conocida como Síndrome de Ambras, es una malformación muy poco frecuente, en la cual la totalidad del cuerpo, incluyendo la cara, se cubre de un vello grueso, el cual crece durante toda la vida. Se trata de una mutación genética, la mayoría de las veces hereditaria. Por su parte, la Psicosis por Wendigo era un trastorno que alguna vez se presentó en las antiguas tribus de Canadá y Alaska. Este tipo de alteración, en estas culturas, se veía asociada a canibalismo en situaciones de estrés.

Pero pocas patologías han contribuido a crear la imagen de “criatura nocturna” del supuesto hombre lobo como lo es la Porfiria. Este trastorno metabólico produce fotosensibilidad, por lo cual, el que lo presenta puede salir sólo de noche. Esto, sumado al hirsutismo (crecimiento excesivo de pelo), hacía que quienes la padecían eran temidos por el resto. Además, el enfermo va a presentar una destrucción de tejidos, principalmente los labios y dedos, los cuales terminan pareciendo garras.


Licántropos “reales”

Ya en la época de la antigua Grecia se describía la historia de Lycaon, un supuesto rey de Arcadia que se convirtió en hombre lobo como castigo por sus horribles crímenes. Si bien esto es parte de un mito, han existido casos que -en su momento- causaron conmoción, como el de Peter Stubbe, un asesino en serie alemán que se creía lobo, por lo que fue ejecutado en 1589 por la Inquisición.

De hecho, ese fue el período más prolífico de licántropos, es decir, seres humanos con desequilibrios psicológicos que los hacían creerse lobos y cometer horribles crímenes, como una vez en que un criminal descuartizó a un niño. Así, entre 1520 y 1630, en Europa se describen cerca de 30 mil casos similares a los de Stubbe. Por esos años, el comportamiento caníbal de Jacques Rollet, que vivía con una manada de lobos, impactó a toda Francia. Había sido condenado a muerte, pero finalmente terminó sus días en el manicomio. Igualmente dramática es la historia de Jean Gremier, del que se dice tenía una fisonomía canina muy marcada por su prominente mandíbula. Gremier disfrutaba de aterrorizar a mujeres, hasta que fue capturado por la policía. Él también se creía un “hombre lobo”, y era denominado así por quienes lo conocían.

¿Y la bala de plata?

Otro de los mitos más comunes respecto a estas criaturas fantásticas es que “la única forma de matarlos es con una bala de plata”. Es probable que esa creencia se remonte al siglo XVIII, cuando un lobo al que le decían “la bestia de Gévaudan habría matado a unas 120 personas, entre 1764 y 1767. Esta masacre llegó a oídos del propio rey de Francia, quien propuso una recompensa al que terminara con la vida de la criatura. Así fue como un día el animal pereció, justamente después de recibir el impacto de una bala de plata, dando inicio a esta extraordinaria leyenda que dura hasta nuestros días.

lunes, 28 de mayo de 2018

Mitología mapuche: Pillán, el dios del trueno

A diferencia de muchas otras culturas que han existido, el pueblo araucano tenía como principal deidad a un ser perverso, el cual controlaba los terremotos, los truenos y erupciones volcánicas.

Al igual que todas las culturas precolombinas que habitaron América Latina, el pueblo mapuche era politeísta, es decir tenía dentro de su mitología a una serie de espíritus, siendo casi todos ellos malvados. Esta característica se condice con la fiereza del guerrero araucano, indígenas de gran poder bélico que incluso protagonizaron el enfrentamiento más largo que recuerde la Humanidad: la épica Guerra de Arauco. Es así como dentro de todos personajes que existieron en su panteón, el principal era el más siniestro de todos: el Pillán.

El temido Pillán
El aterrador Pillán era un personaje intimidante, en el cual los mapuches creían más que con gran devoción, con un profundo temor. Esta deidad era representada de distintas formas, pero casi todas ellas eran semejantes a lo que vendría a ser un demonio o una bestia, el cual tenía a los numerosos cráteres del sur de Chile como su hogar predilecto. De esta forma, el Pillán utilizaba su enorme poderío para controlar a destajo los fenómenos naturales mediante los cuales manifestaba el único sentimiento que cabía dentro de él: la furia. Así, erupciones volcánicas, terremotos, rayos, truenos y relámpagos eran asociados a esta criatura sobrenatural, a la cual había que rendirle pleitesía y sacrificios a cambio de una tregua de paz.

Según las creencias de los araucanos, todos sus guerreros que morían en el campo de batalla, ya fuera durante la Guerra de Arauco o también en peleas previas cuando ellos mismos conquistaron a otros pueblos nativos, iban siendo reabsorbidos por el poderoso Pillán, “El Dios del Trueno”. De esa manera, los grandes líderes, héroes, caciques y toquis (como Lautaro o Caupolicán) pasaban a formar parte de los volcanes, mientras que los aguerridos soldados mapuches anónimos que perecían, eran transformados en las nubes, las cuales escoltaban al atemorizante Pillán.

Fotos mías de ahora





domingo, 27 de mayo de 2018

Galería de imágenes: Caballeros hospitalarios





Caballeros hospitalarios: Los religiosos que fueron a la guerra

Esta orden católica de carácter militar tuvo una importante participación durante Las Cruzadas, donde se enfrentaron tanto a los árabes como posteriormente a los turcos.

Fue en el año 1084 cuando un grupo de religiosos hicieron un hospital para ayudar a los peregrinos que llegaban hasta la Iglesia del Santo Sepulcro, en Jerusalén. Para ello se encomendaron a San Juan Bautista, por lo cual esta naciente agrupación recibió el nombre de Orden de San Juan del Hospital de Jerusalén.
Caballero hospitalario.

Los integrantes de esta orden religiosa vestían un hábito negro con una llamativa cruz de ocho puntas, las cuales representaban a las ocho bienaventuranzas de Cristo. Por eso mismo, cuando la Ciudad Santa cayó en manos de los musulmanes, esta agrupación de monjes se transformó en una fuerza militar que fue al campo de batalla, combatiendo en Las Cruzadas codo a codo con miles de caballeros templarios procedentes de toda Europa.

 Con el correr de los años también se fueron sumando laicos a esta fuerza armada. Muchos nobles europeos meticulosamente entrenados engrosaron las filas de los caballeros hospitalarios, la cual sumaba a monjes y a soldados aristócratas en sus tropas de caballería pesada, siempre vestidas de riguroso color negro con su emblema característico en el pecho.

Durante Las Cruzadas (1095-1291), las labores de cuidar a los enfermos recayeron sobre los hombros de los monjes benedictinos, los cuales ostentaban los mayores conocimientos de Medicina durante el período medieval.

Desde su fundación, esta orden religiosa ha tenido 16 emblemas diferentes, siendo hoy en día un escudo rojo con una cruz blanca, cuando su centro neurálgico quedó emplazado en el archipiélago de Malta. Actualmente su sede oficial queda en Roma y su nombre oficial es "Soberana Orden Militar y Hospitalaria de San Juan de Jerusalén, de Rodas y de Malta".

Es así como atrás ya han quedado los tiempos violentos de Las Cruzadas, y en el marco de los tiempos modernos las principales funciones de esta agrupación mundial se han vuelto hacia la dirección de sus loables orígenes: el cuidado de los enfermos, la caridad y el voluntariado para ayudar a los indigentes.


sábado, 26 de mayo de 2018

Por fin: El Chuncho derrota a Huachipato y vuelve a los triunfos

Después de varias fechas sin victorias, Universidad de Chile volvió a ganar. En esta oportunidad, el elenco del Chuncho venció por 1-0 a Huachipato en Talcahuano.

Un trabajado triunfo fue el que obtuvo esta tarde Universidad de Chile. La "U" derrotó por 1-0 a Huachipato en Talcahuano, dejando atrás varias semanas de magros resultados.

De arquero suplente a titular indiscutido: Fernando de Paul se afirmado como fijo en el elenco estelar de Universidad de Chile, y semana a semana parece estar más empoderado con su puesto.

Un azul de corazón: Felipe Seymour anotó el único gol de partido.

Una vez más Fernando "El Tuto" De Paul confirmó que se está ganando con creces el puesto de titular en el arco azul.

Tras esta victoria, Universidad de Chile se mantiene a la caza de los punteros del Torneo Nacional. La esperanza es lo último que se pierde...

El líder. El volante Felipe Seymour portó la jineta de capitán esta tarde en el Estadio CAP de Talcahuano.

Rodrigo Echeverría volvió a ser titular en la defensa de la "U". El canterano es uno de los jugadores preferidos de los hinchas azules.

lunes, 21 de mayo de 2018

Galería de imágenes: Utahraptor

















Utahraptor: El pariente más feroz del Velocirator

Este dinosaurio, que vivió a comienzos del Cretácico, se caracterizaba por su enorme velocidad y rapidez de movimientos, lo cual lo hacían ser uno de los animales más temidos de la prehistoria

Gracias a la saga de Jurassic Park, el Velociraptor pasó a ser uno de los dinosaurios más conocidos por la gente. Sin embargo, durante esa lejana época existió otro animal que en verdad se le parecía mucho, pero con la salvedad de ser por lo menos el doble de grande y feroz: el Utahraptor, o “ladrón de Utah”.

Hasta ahora se han encontrado muy pocas osamentas de este eximio cazador, las cuales fueron halladas en Utah (EEUU), de ahí su nombre. Sin embargo, la ciencia ha logrado dilucidar algunos de los temibles secretos que acompañaron a uno de los dinosaurios más salvajes que pisaron el planeta. Dentro de lo que se sabe, el Utahraptor fue el más corpulento y voraz de los dromeosáuridos, que era una familia de terópodos cazadores cuya mayor especialidad era correr como una gacela detrás de su víctima para abalanzarse sobre ella y matarla al instante. Sólo por hacer una comparación, el Velociraptor medía casi dos metros de largo, mientras que el Utahraptor llegaba a los cuatro de alto y más de ocho de largo.

Utahraptor, un gran cazador
Sin dudas que debe de haber sido impresionante ver a una bestia de esas dimensiones alcanzar grandes velocidades y tirarse con todo para degollar a otros dinosaurios. Era tal el nivel destructivo del Utahraptor -debido primero a sus características particulares pero también al hecho de que cazaba en grupos- que los expertos sugieren la posibilidad de que más de alguna especie quedó en jaque sólo por la brutal acción de este predador que azoló el mundo hace unos 125 millones de años, a comienzos del Cretácico.

Algunas de las características que habrían hecho del Utahraptor un dinosaurio en verdad temido fueron su velocidad, su bravura, pero además su inteligencia. Bien sabido es que casi todos los dinosaurios fueron criaturas realmente torpes para pensar, y que les costaba mucho reaccionar ante situaciones al límite, sin embargo este animal tenía un cerebro ostensiblemente más grande que la gran mayoría de los reptiles prehistóricos, lo cual se suma al que enfocaba todo su instinto voraz solamente en un fin: dar presa a otros dinosaurios. Aparte de esto, sus otras grandes armas eran sus dientes, afilados como cuchillos, y también las largas uñas de sus patas traseras y delanteras, con las que se cree que desgarraba la carne de su oponente al caer sobre él.

Galería de imágenes: Godzilla












Batropetes: El pequeño anfibio prehistórico de Sajonia

Este extraño animal extinto perteneció al grupo de los lepospóndilos, que fueron tetrápodos primitivos que existieron entre el Carbonífero y el Pérmico. 
Batropetes en un pantano.

Alguna vez el mundo estuvo cubierto principalmente de pantanos y charcas poco profundas, y durante esa época fue dominado por anfibios, los cuales eran los habitantes más comunes de todos los rincones del orbe. Uno de esos curiosos personajes fue el Batropetes, un género extinto de lepospóndilos, que se destacaron morfológicamente por tener un cuerpo cilíndrico, alargado y una piel húmeda y pegajosa.

Hasta ahora lo que se sabe del Batropetes es que exisitieron dos especies tipo dentro de dicho género: el Batropetes fritschi y el Batropetes niederkirchensis. Los primeros restos fueron hallados en la región germana de Sajonia, y posteriormente se escontraron más indicios también al sur de Alemania.

Esta criatura existió hace ya varios millones de años, cuando recién comenzaba el período Pérmico. Según se ha podido determinar, perteneció al orden de los microsaurios, los cuales fueron el grupo más diverso y numeroso dentro de los lepospóndilos. Se cree que tanto él como sus parientes cercanos fueron importantes antepasados de los anfibios actuales.

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Este Blog está dedicado a SPIKE (26 de Junio de 1996 - 31 de Marzo de 2008 )