lunes, 29 de junio de 2009

Museo de Arte Precolombino: Un lugar para aprender sobre el pasado

Desde 1981 que esta exposición permanente mantiene sus puertas abiertas al público para enseñar las más variadas representaciones de lo que fueron las culturas autóctonas latinoamericanas.

A pasos de la Catedral Metropolitana y la Plaza de Armas se haya uno de los tantos monumentos nacionales del centro de Santiago: el Palacio de la Real Aduana, construido en 1805, el cual tiene un estilo arquitectónico neoclásico, marcado por las líneas rectas y sobriedad en cada uno de sus rincones, muy similar a las terminaciones que posee La Moneda, a pocas cuadras de ahí. En las interdependencias de esta construcción funciona el Museo de Arte Precolombino, uno de los puntos casi obligados para muchos turistas extranjeros que semana a semana llegan a conocer la capital.

El ajetreo constante de las micros y los bocinazos que se sienten en calle Bandera contrastan con la tranquilidad y el silencio casi imperturbable que puede percibirse cuando se está en el interior de este lugar. Dentro de sus instalaciones, todo es tranquilidad, contemplación y, principalmente, curiosidad por aprender sobre el pasado de los pueblos latinoamericanos.

Los inicios

El museo data de diciembre de 1981. En aquel entonces, un arquitecto aristócrata llamado Sergio Larraín García-Moreno decidió donar su colección privada de obras para hacer una gran muestra. En la actualidad, el Museo de Arte Precolombino cuenta con cuatro mil piezas, que van desde pequeños aros o colgadores hasta murales de piedra de dos metros y medio de ancho por tres de alto. Las primeras que llegaron, a comienzos de la década de los 80, fueron artesanías diaguitas, pendientes y armas mapuches, además de un sinfín de esculturas de las civilizaciones mesoamericanas, es decir, Toltecas, Olmecas, Mayas y Aztecas.

Las esculturas de Mesoamérica

Apenas se asciende por las escaleras, lo primero que aparece ante los ojos expectantes del público es un ídolo de piedra de un metro y medio de estatura, cuya cabeza es colosal, ocupando casi la tercera parte de su volumen. Tanto los ojos como sus orejas también están exageradas en tamaño, los cuales le dan una apariencia graciosa. Sin dudas que salta a la vista de inmediato, pues su aspecto semi humanoide resulta parecido al de los moais pascuenses, pero con los brazos cruzados y la nariz más pequeña. Esta imagen fue donada por Sergio Larraín García Moreno, de hecho, una placa así lo indica, y perteneció a una cultura muy poco conocida, denominada San Agustín, que habitó la actual Colombia hace 1500 años atrás.

En este salón, la mayoría de las obras son toltecas, mayas, aztecas u olmecas. Es decir, de lo que comprendía una vasta región geográfica conocida como Mesoamérica, o sea, casi todo México y la actual Centro América. Y un aspecto común de todos estos pueblos fue la elaboración de máscaras mortuorias, con las cuales enterraban a sus difuntos. Pero no todos los habitantes llevaban estas caretas, sino que sólo los aristócratas, los chamanes o bien los guerreros destacados. De este modo, no podía faltar una vitrina especialmente dedicada a las máscaras de piedra. La más importante de acá es una de aspecto sonriente que destaca entre el resto por sus dimensiones: 40 centímetros de alto, casi el doble que las otras. Perteneció a los olmecas, unos mil años antes de Cristo. Además, es posible ver una serie de máscaras aztecas, las cuales tenían usos más variados que las de los olmecas: eran portadas en ceremonias públicas, festividades religiosas e incluso en batallas, por lo cual eran mucho más pequeñas y livianas, para no disminuir la velocidad en los movimientos de quien las usaba.

Alrededor del año 600 D.C., era muy común que en Mesoamérica se elaboraran figuras femeninas, muchas de las cuales representaban a mujeres embarazadas. Estas pequeñas estatuas, de no más de 20 centímetros, poseen anchas caderas y pechos muy desarrollados, aparte de un vientre prominente. Al igual que para muchas otras civilizaciones del mundo antiguo, la imagen de una hembra preñada representaba fertilidad, la cual se suele relacionar también con los ciclos climáticos y las cosechas agrícolas. Las representaciones presentes acá son de la cultura Veracruz, la cual fue un pueblo de menor importancia, en relación a otros contemporáneos, como mayas o aztecas.

Dentro de las esculturas de los Veracruz aparece una de aspecto imponente: un chamán, que se remonta hace unos mil años atrás. De esa misma época es la representación que los aztecas le dieron a un hombre erguido y de pie, algo no del todo común en las muestras artísticas de esos años. Tal vez la curiosidad más notable de este último es la hendidura que poseía en su pecho de piedra, donde se le colocaba un corazón pétreo en medio de una cruenta ceremonia, que incluía sacrificios humanos.

Los mayas, alrededor del año 500 D.C., solían hacer unas imágenes de piedra, de grandes proporciones, a las cuales llamaron “estelas”. La obra acá presente muestra la figura triunfante de un guerrero, cubierto con una especie de capa de plumas. El personaje representado ostenta una lanza y escudo, en el cual se deja ver a uno de los dioses más oscuros del panteón maya: el Jaguar del Inframundo. Junto a este héroe tallado en piedra, una serie de jeroglíficos. Esta estela fue encontrada a comienzos del siglo XX en las ruinas de Aguateca, la cual era una poderosa ciudad fortificada, que duró hasta el siglo VIII, cuando la destruyeron otros pueblos invasores.

Todas las civilizaciones mesoamericanas, o la gran mayoría de ellas, creían en la existencia de vida después de la muerte. Por esto es que no faltaron las esculturas conocidas como “compañeras en la muerte”, las cuales eran enterradas junto al difunto, para acompañarlo en un supuesto viaje al más allá. Estas eran de formas muy variadas: figura humana, niño pequeño, mujer embarazada e incluso perros u otros animales. Las principales expuestas acá son una que recibe el calificativo de Teonanáctl, que es una pequeña escultura en piedra, parecida a un moai pascuense, del año 100 A.C., y también la llamada “vasija trípode”, con aspecto de un felino de tres patas, que perteneció a los Nicoya, por allá por el año 500 D.C.

Alfarería proveniente de Ecuador

No deja de llamar la atención que en el museo haya casi un salón completo dedicado a los arcaicos artefactos provenientes de lo que en la actualidad es Ecuador. Decenas de vasijas y cacharros de distintos colores y tamaños se apilan en las vitrinas, todas provenientes de aborígenes que alguna vez vivieron en esas calurosas pero húmedas tierras.

La alfarería de esos lares se remonta al año 3.300 A.C. De este período histórico se aprecian una serie de cuencas y ollas con formas de frutos silvestres: uno que se asemeja bastante a un zapallo y otro más alargado, así como un plátano, son los más llamativos. Sus colores son tonalidades que van desde un negro intenso hasta un tinte crema, pasando por un rojo o café opacos. Claro que todas esas demostraciones artísticas fueron mejoradas unos dos mil años más tarde por las culturas Machalilla y Chorrera, las cuales fueron las primeras de la zona en comenzar una producción a gran escala, y en agregarle a las técnicas alfareras una gran gama de nuevas formas, principalmente de animales: coatís, pelícanos, ídolos guerreros y serpientes son los que más se repiten en la muestra.

Curiosas cerámicas destacan con formas más novedosas: una mujer cuyo cuerpo se encuentra cubierto íntegramente de plumas o un zorro con cabeza humana, el cual posee una cola que es tan grande que supera con creces las dimensiones de todo el resto de su frágil cuerpo. Este carácter imaginativo y muy original fue unos 500 años posterior a las descritas con anterioridad, y perteneció a las culturas Tolima y Jama Coaque, de las cuales no hay muchos antecedentes, pero hasta el día de hoy su alfarería llama la atención entre quienes detienen su mirada sobre ella. Claro que dichas civilizaciones también hicieron vasijas y cuerpos de barro más convencionales, los cuales también son mostrados en dicho salón, claro que no son tan llamativos como aquellas con aspectos curiosos y psicodélicos.

En general, todo este arte, característico del Noroeste de Sudamérica, se destaca por dos prácticas opuestas entre sí: sustractiva y aditiva. La técnica sustractiva consiste en extraer parte del material de la superficie de la vasija, ya sea con una espátula o un cuchillo. Acá lo que se hace básicamente es grabar diseños sobre la greda cuando ésta aún está húmeda. También existe la técnica aditiva que, por el contrario, se trata de que se usan pigmentos o adherir algún trozo de greda, pero de distinto color. Claro que lo más común es que, al concretarse, ambas formas se combinen. Así es como se ven diversas estatuas de la cultura Manta, todas de un tamaño no superior a los 30 centímetros, de un hombre tocando la zampoña, de una mujer embarazada, otro de un curandero con una serie de adornos corporales, o uno de un campesino que tiene una vasija sobre su cabeza. Todos ellos formaban parte importante de la temática que, en forma indeclinable, se iba repitiendo una y otra vez entre los pueblos latinoamericanos.

La riqueza cultural de Centroamérica y el Golfo de México

El arte centroamericano de los pueblos precolombinos tenía tintes bastante particulares, pues se hallaba muy influenciado tanto por mayas y aztecas al norte, como por los pueblos sudamericanos que habitaban al sur. Esto se nota en el arte relativo al chamanismo y también relacionado a los sacrificios humanos. La litoescultura de animales míticos mostrada en la exposición, que data del siglo XVI, descansaba junto a las tumbas de personajes destacados, es muestra viva de la creencia de una vida posterior a la muerte, en la cual el difunto tenía que irse de este mundo acompañado de la mayor cantidad de bienes materiales que pudiese.
Además, se dice que las artesanías en oro más finas de todo el mundo precolombino pertenecían a las poblaciones de indígenas centroamericanos. Dentro de este grupo, se ve a través de un vidrio diversos pendientes un ave que parece ser un águila, un hombre con los brazos abiertos y el más espectacular de todos: el pez felino, es decir, un híbrido que posee cuerpo de gato, pero la cabeza de un pescado.

La cultura Nicoya era una de las más características de la Costa Rica prehispánica. De ella, en este museo capitalino, existe una representación artística en verdad extraña: una vasija que se sustenta sobre un felino con cabeza de reptil. En verdad se desconoce si para esos indios, aquel personaje representaba una deidad o más bien un demonio, pero de todas formas este recipiente se ha transformado en uno de los elementos más admirados por quienes acuden al lugar. Así al menos lo demuestran un grupo de turistas que la fotografían sin usar el flash de la cámara, lo cual es una exigencia de parte de la administración de este sitio.

El culto a Xipe Topec

Xipe Topec era una de las divinidades más populares dentro del Golfo de México hace unos 1.500 años. Sin dudas, la cualidad más importante de este singular personaje de la mitología tolteca era su piel desollada por completo. Por ello, su nombre, que significa “Nuestro Señor Desollado”.

Se dice de él que, para los toltecas, era el dios de la fertilidad y de las plantas. En este aspecto, se da la curiosidad que es de los pocos seres divinos se sexo masculino que sea patrono de la fertilidad de la tierra, puesto que, en la mayoría de las civilizaciones, este aspecto es propio de diosas mujeres. Lo que en aquel tiempo se hacía era sacrificar a las víctimas, pero cuando éstas aún estaban agonizando, se procedía a desollarlas frente a la estatua de Xipe Topec, algo que sin dudas debe de haber sido un acto espantoso para los ojos de cualquier persona actual, pero no para los aborígenes del Golfo de México durante el siglo IV. La creencia indicaba que si la piel extraída sangraba mucho, ese no sería un año de sequía.

La escultura de este dios tiene un lugar privilegiado en uno de los salones principales del recinto, donde además posee mucha luminosidad que le da un aspecto imponente, el cual se irradia a través de los cristales de su vitrina. Ahí se puede ver a un Xipe Topec que le falta un brazo, el cual probablemente lo perdió en algún accidente. Pese a ello, a ojos de todos resalta el que tiene dos manos y dos pies por cada extremidad.

El sanguinario Juego de la Pelota

El Juego de la Pelota fue un deporte practicado tanto por mayas como por aztecas. Los primeros lo conocían como “Pokolpok”, y los segundos como “Ulamaxtli”. Ambas disciplinas fueron muy populares en Mesoamérica hace unos 3.500 años, y en verdad no hubo grandes variaciones entre una y otra versión. Además, se trataban básicamente de lo mismo: vencer al oponente en un juego en que había que hacer pasar el balón de un lado hasta el otro de la cancha, sin que éste se cayera al suelo. Acá se valía de todo para lograr ese objetivo, pues en caso de perder, el castigo iba mucho más allá de la mera humillación de la derrota: el equipo que caía era decapitado, sin apelación.

Esta actividad tenía un profundo sentido político, pero a la vez también religioso. Se le vinculaba a muchas de las deidades del panteón politeísta de estos pueblos, razón por la cual fue prohibido por los conquistadores españoles que llegaron a América, quienes lo consideraban hereje.
Una de las muestras, dedicada en especial a este sanguinario pasatiempo, tiene como principal atracción una estatua de 40 centímetros de uno de estos jugadores, el cual luce toda su indumentaria, que lo protegía de golpes y feroces caídas: rodilleras, taparrabo, coderas y una especie de antifaz, que le cubría parte importante del rostro.

Jeroglíficos y escritura maya

La escritura maya es, hasta hoy en día, considerada un logro cultural inigualable, y a la vez, una forma artística impresionante, la cual sorprende a muchos de los cientos de visitantes que llegan a este lugar semana a semana.

Acá se pueden apreciar algunos jeroglíficos del año 250 D.C., los cuales son tanto de piedra o cerámica, como así también códices encontrados en restos de monumentos que se hallaban en ruinas. Dentro de la escritura maya se pueden distinguir tres tipos: numérica, calendárica e histórica. El mural pétreo que hay en la vitrina de jeroglíficos del museo pertenece al tipo de los históricos, donde se describen biografías de hombres importantes, así como también alianzas políticas y desarrollo de las diversas guerras o conflictos sociales.

La diversidad de los pueblos sudamericanos

Sin dudas, la heterogeneidad era algo que caracterizó a las culturas indígenas en América del Sur. Acá se puede apreciar desde civilizaciones tan avanzadas como los incas hasta pueblos eminentemente guerreros como los mapuches, pasando por otros que eran eximios alfareros, como lo eran los nazca o los diaguitas.

Una buena parte de las muestras artísticas de estos grupos gira en torno a lo que son los jarros, botellas y cacharros. Claro que en esto se dan ciertos anécdotas, como el hecho de que haya una vasija diaguita, de alrededor del año 900 D.C., con aspecto de felino. Aparentemente, esto no es tan llamativo, pues en el norte de Chile hay pumas, pero lo curioso del caso es que la decoración de ella indica que se trata de un jaguar y no de un puma. Esto hace pensar a los arqueólogos que es probable que el pueblo diaguita haya tenido algún tipo de intercambio con lugareños provenientes de diferentes puntos del continente, gracias a lo cual sabían de la existencia de jaguares u otros animales más bien tropicales.

En verdad, el felino era un ser fantástico para muchos de estos indígenas, lo cual se debía más que nada a su elegancia para caminar y su velocidad al correr. La cultura Vicús no estaba exenta de ello, razón por lo cual en el museo se muestra una botella-felino, que en uno de sus extremos tiene la cabeza de uno de estos animales, con su aspecto amenazante, y cuatro patas que la sostienen.

Otra cultura que tenía un rico folclore eran los moches, cuya vida giraba en torno a la muerte, por lo que los arqueólogos los llamaron “los señores de la muerte”. Para ellos, cuando alguien fallecía, emprendía un viaje marítimo, cuyo éxito o fracaso dependía de los objetos que acompañaran al difunto. Es por ello que fabricaron botellas y vasijas, en forma de cóndor, búhos, y pumas, los cuales eran animales que se encontraban con facilidad en los terrenos del antiguo Perú, donde ellos habitaban. Otro aspecto que también desarrollaron fue la metalurgia. Bien es sabido que los moches fueron eximios orfebres, pues diseñaron máscaras mortuorias de cobre, las cuales eran de un aspecto bastante siniestro, además de espátulas y hasta cabezas de perro, todas las cuales aún conservan el color verdoso del cobre no procesado.

Quienes no podían estar ausentes en este Museo Precolombino son los Incas, lejos la más avanzada civilización precolombina de todo el cono sur. En cuanto a la artesanía inca, lo que más se puede ver en las vitrinas son objetos de oro y plata, los cuales pertenecían a las clases altas de la sociedad: máscaras, ornamentos, cuchillos y espátulas. Para ellos, tanto el oro como la plata tenían un significado especial: el primero era el sudor del Sol, el dios Inti; y la plata era las lágrimas de la Luna, o Mama Quilla, hermana y esposa de Inti.

Los quipús asimismo eran otro rasgo incaico esencial. Estos eran instrumentos recordatorios para llevar las cuentas, y así dejar constancia de hechos o sucesos. Para esto usaba un sistema de cuerdas y nudos, el cual terminaría por expandirse a través de gran parte del mundo andino, precisamente gracias a través de la influencia inca en una vasta extensión del territorio sudamericano. Una característica del quipú es que sólo quien lo anotaba era capaz de leerlo, dado que se trataba de un sistema mnemotécnico, por lo tanto los pocos que lo sabían usar eran funcionarios privilegiados dentro del imperio.

Arte en Chile: desde Atacama hasta Arauco

Contrario a lo que muchos puedan pensar, la alfarería de los pueblos del norte de Chile era bastante variada de un punto geográfico a otro. Hacia la costa, donde estaba la cultura Arica, y también en el Norte Chico, en el cual predominaban los diaguitas, las vasijas eran cafés y de colores muy vivos, en una técnica que se conoce como policromía. En cambio, hacia el interior, donde está el desierto de Atacama, la cultura San Pedro prefirió las tonalidades mucho más oscuras, principalmente negruzcas, para pintar sus jarrones. Esto último es la monocromía, un estilo muy propio de estos lares.

En Chile, quienes mejor dominaron el arte de hacer jarras y escudillas eran los diaguitas. Pero uno de sus legados más característicos fueron las urnas funerarias, que eran vasijas en las cuales metían a los muertos o bien sus osamentas. Estos eran recipientes multicolores, en los cuales usaban la policromía típica de la alfarería diaguita. De todas formas, no siempre usaron este tipo de instrumentos para almacenar a quienes fallecían, pues en los primeros siglos después de Cristo, se ha comprobado que asaban a los cuerpos y se los comían en extraños ritos colectivos.
Otro pueblo muy importante, los mapuches, fueron eminentemente guerreros. De hecho, eran tan belicosos que los incas jamás fueron capaces de penetrar su territorio, e incluso a los españoles, las luchas que tuvieron con ellos les tomaron más de 300 años, costándole un sinnúmero de vidas. Por esto mismo es que su cultura giraba en torno al arte de hacer la guerra. Muestra de esto son las clavas de piedra que se muestran en el museo. Estas medialunas con un mango eran símbolos de poder de los líderes guerreros. Así también se puede ver una filosa hacha, construida del mismo material, la cual era ostentada por el jefe de las familias, o toki. Por esto, ella recibía el nombre de tokikura, o “piedra del jefe”. Cuenta la leyenda que los aguerridos combatientes, antes de lidiar con los hispanos invasores, bañaban en sangre esta arma, justamente para intimidarlos, al mismo tiempo que colgaban en los árboles las cabezas mutiladas de otros españoles, ejecutados con anterioridad.

Claro que no todo era violencia para el sufrido pueblo araucano. También le daban una importancia primordial a la muerte, por lo que sus cementerios eran muy particulares. De hecho, parte de ellos se exhibe en el lugar y son, sin dudas, lo que más llama la atención de los visitantes. Una grupo de cinco enormes tótems de madera, de tres metros de alto, se levanta en el fondo de un pasillo. Estas estatuas se colocaban junto al difunto para indicar donde quedó el cuerpo ya sin vida, con lo cual de seguro los cementerios mapuches deben haber tenido un aspecto tenebroso, ya que a la distancia sólo se podían ver estos Chemamull, o “gente de madera”. Este tipo de tumbas existieron en poblados araucanos incluso hasta comienzos del siglo XX, constituyendo una de las muestras más características de una cultura que, año a año, se niega a morir en medio de lo que el común de la gente llama “modernidad”.

domingo, 28 de junio de 2009

¿Que es el Blog para mí?

Tengo Facebook y Fotolog. Pero ninguno de esos dos me llena ni la quinta parte que mi Blog. Esos son redes sociales, más que nada para ver fotos, pero acá puedo expresar lo que siento, lo que pienso, y todo lo que se me pasa por la cabeza, por muy locas que sean dichas ideas.

El Blog es como mi ciber rincón para difarear sobre todo lo que me rodea, para desenterrar todo mi inframundo escondido en lo profundo de mi mente, y al fin y al cabo, para echar rienda suelta a mi imaginación, y así permitir desarrollarla aún más. Porque ser imaginativo es un arte, y como muchos estilos artísticos, hay que ir entrenándolo para poder así mejorarlo.

Por todo eso es que me gusta esto de tener un Blog. Es, al fin y al cabo, mi carta de presentación frente a los demás, donde me presento tal cual soy.

sábado, 27 de junio de 2009

¡Se siente, se siente, Ackbar Presidente!

Soy derechista y en verdad que se me hace cuesta arriba votar para estas elecciones. Por un lado tenemos a un demócrata cristiano acérrimo (Eduardo Frei), dos ex demócrata cristianos (Sebastián Piñera y Adolfo Zaldívar) y dos ex socialistas (Marco Enríquez Ominami y Jorge Arrate). Es decir, me gusta la derecha de vieja escuela, pero prácticamente ningún candidato me representa ¿Que hago? El mal menor: Piñera.

Pero, ahora que lo pienso, tal vez me incline por el gran Almirante Ackbar, un tipo inteligente y con don de mando ¿Qué le pdio a un político ideal? Primero ser firme y no extremadamente caballero, ya que los muy caballeros se ven sobrepasados y no sirven para la vorágine destructiva de la política actual ¿Segundo? Ser consecuente, es decir que mantenga sus convicciones y que no las cambie ante nada; que si se va a hundir, que se hunda con la suya ¿Y Tercero? Que apoye el libre mercado económico y a la vez que presente un proyecto medio ambiental que vaya en serio. Como nadie representa la totalidad de mis expectativas, mi voto es para el Almirante Ackbar, un tipo duro, serio, consecuente, comprometido con el medio ambiente y forjado a hierro con la disciplina que lo ha llevado a ser Almirante de las tropas intergalácticas del Universo. Espero que otros tantos se apoyen en esto y le den su voto: ¡Ackbar Presidente!

lunes, 22 de junio de 2009

Interesante recorrido por el Cementerio General: Un viaje al centro de la necrópolis

En los 178 años que han transcurrido desde su fundación, poco más de dos millones de personas han sido enterradas en este camposanto de la comuna de Recoleta. Varios de ellos son ilustres personajes de la historia de Chile, otros tantos fueron indigentes o perfectos desconocidos.

Al final de Avenida La Paz, donde se intercepta con la calle Profesor Zañartu, en la comuna de Recoleta, se encuentra uno de los rincones más fotogénicos de la capital: la Plaza La Paz. Su piso de adoquines, y el entorno mismo, le dan un aspecto muy particular. Rodeada por unos pasillos antiguos, ruinosos, y a la vez adornados con gruesas columnas de ladrillo, además de esculturas de monjas y de vigorosos gladiadores grecorromanos, sin dudas que es un lugar muy peculiar y digno de visitar.

Al medio de esta plazoleta se levanta un monolito dedicado a la víctimas del incendio de la Iglesia La Compañía, ocurrido el 8 de diciembre de 1863. Justo frente a éste, está la puerta principal de ingreso al Cementerio General de Santiago, la cual se encuentra adornada por una monumental cúpula, en cuya parte superior hay una cruz relativamente pequeña.

Este cementerio, considerado uno de los más atractivos del continente, fue fundado el 9 de diciembre de 1821, por el propio Bernardo O ´Higgins. Durante sus primeros 50 años fue exclusivo para enterrar a personas de religión Católica. Sólo a partir de 1871 se permitió sepultar en su interior tanto a católicos como agnósticos, ateos y protestantes. Esto fue durante el gobierno de Domingo Santa María.

86 hectáreas de arte al aire libre

Alrededor de dos millones de difuntos descansan en el interior de este camposanto, el cual comprende 86 hectáreas, limitadas por la Avenida Recoleta hacia el oriente, y el otrora Hospital San José hacia el oeste. Es así como este verdadero museo al aire libre forma un fiel reflejo del pasado y presente de lo que es Chile: el pasado se aprecia en la historia que guardan cada uno de sus recovecos y el presente se percibe en toda la diversidad aquí existe, tanto desde el punto de vista de la arquitectura como de la gente que yace en sus tumbas.

Los ex presidentes

Salvo el propio Bernardo O`Higgins, que descansa en el altar de la Patria, en La Alameda, además de Gabriel González Videla (enterrado La Serena, su ciudad natal) y el General Augusto Pinochet (cuyos restos están en su parcela de Los Boldos), todos los otros ex gobernantes de Chile han sido sepultados en algún lugar de este cementerio.

Así no es de extrañar que apenas uno cruza el portal de ingreso al lugar, a mano derecha, una de las primeras lápidas que se puede ver sea la de Pedro Aguirre Cerda, un carismático político del Partido Radical, quien fuera la máxima autoridad del país entre 1938 y 1941. Su cripta destaca de inmediato por tener en su parte superior una estatua femenina, de color negro intenso, que lee un libro con aparente serenidad.

El gobierno de Aníbal Pinto estuvo marcado por la Guerra del Pacífico. Pese a que nunca se logró titular como abogado, igual fue un político muy destacado en su momento. Al momento de su deceso, en junio de 1894, sus restos fueron trasladados a esta necrópolis, donde ahora descansan junto a los de quien fuera su esposa, doña Delfina de La Cruz. El mausoleo de ambos es un cubo de cuatro metros de alto, terminado en un domo, con columnas retorcidas, que le dan una apariencia singular.

Pedro Montt, integrante de las familias con mayor tradición en la política criolla, gobernó entre 1906 y 1910. Al igual que la gran mayoría de quienes llevaron las riendas de la nación, también está sepultado en este camposanto. Su cripta es una de las más ostentosas: una especie de pirámide estilo maya, que sostiene a una enorme cruz de cinco metros de alto. Es por esto que se destaca entre las otras tumbas del lugar.

De todas las tumbas de ex mandatarios que hay en lugar, la más ostentosa es la de Salvador Allende, uno de los líderes más populares que tuvo la izquierda política chilena durante el siglo XX. Su altura se empina por sobre los diez metros. Llama la atención por su forma abstracta y color blanco, que le dan un tinte surrealista. De todos modos, es una de las sepulturas más visitadas por la gente.

Ejemplo contrario al de Allende es dado por Eduardo Frei Montalva y por Arturo Alessandri Palma. Las tumbas de estos dos importantísimos personajes del siglo pasado son bastante sobrias y en verdad pasan casi inadvertidas en medio del lugar. La de Frei es una lápida vertical que se levanta en un prado cuidadosamente cortado. La de Alessandri, un cubo de color blanco, sin ningún adorno ni ornato que lo haga verse más llamativo, salvo una inscripción que dice “Arturo Alessandri”. Tal vez, ambas criptas son demostraciones de humildad de parte de ellos, o bien mera coincidencia.

Está claro que no sólo ex presidentes se hayan sepultados en este terreno. Destacadas personalidades del ámbito público dentro de lo que es el Chile republicano engrosan la lista: el general Manuel Baquedano, Jaime Guzmán Errázuriz, Camilo Henríquez, Andrés Bello y Manuel Blanco Encalada son algunos de los principales.

Muchos estilos, un solo lugar

Bastante extraño resulta ver un mausoleo en cuyo portón se ubican, a ambos lados, dos esfinges de estilo egipcio, las cuales miran fijamente al horizonte, aparentando ser verdaderos guardianes de la cripta. Esa es la tumba de Macario Vial, la cual está en pleno centro del sector más clásico de este Cementerio General.

Tal vez Raimundo Larraín no haya sido un personaje que haya pasado a la posteridad. Pero sin dudas, después de muerto siguió destacando por el monumental mausoleo en el cual descansas sus restos: una perfecta réplica a escala del Partenón griego, con sus columnas dóricas incluidas. Claro que si de imitaciones del Partenón se trata, la más impresionante de todas es la de la familia Duhaldi, en el extremo oriente del parque.

El estilo mesoamericano tampoco podía estar ausente en estas construcciones. Así es como Nazario Elguin decidió que su osamenta permanezca guardada al interior de una construcción que asimila fielmente los templos mayas existentes en México. La estructura incluso cuenta con un tótem en su parte superior, que sin dudas lo hace ser una de las más originales que acá se encuentran.

Mientras se oye el murmullo suave de un ave, probablemente un búho que a esa hora de la tarde está recién despertando, el sol a contraluz hace que las tumbas tomen una tonalidad rojiza que les da un aspecto siniestro. Y si de nichos que inspiran esa sensación de terror se trata, una de las que sin dudas salta a la vista es la de Francisco Segundo Garín: una perfecta catedral gótica en miniatura, que incluso cuenta con gárgolas de aspecto cuasi demoníaco.

Es así como este camposanto, la necrópolis más antigua y tradicional del país, guarda entre sus sombrías callejuelas un sinfín de paisajes mortuorios, muchos de los cuales inspiran admiración o a veces miedo, dependiendo mucho de la hora en la cual se camine por el lugar. De todas formas, no deja de ser interesante recorrer estas 86 hectáreas, que en forma fiel reproducen parte importante de la historia y del arte criollo.

lunes, 15 de junio de 2009

La Quinta Normal: más que museos y áreas verdes

Decenas de personas de todas las edades visitan cada fin de semana este parque ubicado en la zona poniente de la capital, el cual es uno de los paseos más típicos existentes en Santiago.

Fundado en 1838, el parque de La Quinta Normal ya tiene más de un siglo y medio de existencia. Claro que en aquel entonces, ese era un lugar de esparcimiento casi exclusivo para los que formaban parte de la conspicua aristocracia capitalina, quienes acudían en familia a disfrutar de las tardes dominicales, después de llegar en sus elegantes carruajes, provenientes de algunas de las tantas mansiones del Barrio República. Hoy en día la situación es distinta, pues la mayoría de los que acuden a este sitio son personas de clase media, o estratos sociales más bajos.

No cabe duda que los tiempos han cambiado. Las antiguas carrozas del siglo XIX han sido reemplazadas por un trencito de cuatro carros que lleva a decenas de niños pequeños que observan maravillados las hileras de enormes plátanos orientales de 30 e incluso 40 metros de alto. Las parejas que alguna vez caminaban del brazo, él con sombrero de copa y ella con un ostentoso quitasol, ya no existen. Ahora son jóvenes que se revuelcan en el pasto, sin importar lo que el resto diga o piense de ellos. Hoy en día, las personas ya no llegan montadas sobre finos corceles, si no que en automóvil, o lo que es aún más común: en el metro, después de bajarse en la estación que lleva precisamente el nombre de este popular lugar de recreación.

Pero, pese a que la Quinta Normal ya no es la misma que hace 150 o 100 años atrás, en el fondo aún conserva mucho de lo que tenía en aquel entonces. Algunos de sus museos todavía son de los principales centros culturales de Santiago, la laguna que tiene al interior sigue siendo un referente para acercar a padres e hijos, mientras practican una actividad sana y divertida. Y muchos de los altísimos árboles que se apilan, uno al lado de otro, son los mismos que eran observados con asombro por sus visitantes a comienzos del siglo XX y fines del XIX.

Recuerdos de infancia

Pese a ser un día de invierno, el calor es más que el habitual para esta fecha. Tal vez eso mismo motiva a que numerosos visitantes atraviesen el portal que queda contiguo a la salida del metro, por avenida Matucana. Una vez dentro, es normal que las miradas de inmediato se dirijan al Museo de Historia Natural, o bien a los diversos senderos de tierra que atraviesan los amplios prados del lugar.

“Este espacio es demasiado interesante para recorrerlo. Tiene de todo, para todos los gustos. Cuando chico, venía acá con mi papá a jugar a la pelota. Ahora vengo más que nada para pasear, meditar y sacar fotografías. Me gusta ese contraste entre el verde de los árboles y esas construcciones tan clásicas como los museos o el jardín botánico”, es mi visión personal al respecto, recordando los prados que tantas veces recorrí durante mi infancia.

Tesoros ocultos en los museos

En 1973, cuando se le construyó, el actual Museo de Historia Natural funcionaba precisamente como un lugar donde se mostraban exposiciones, principalmente de plantas, animales e insectos originarios de distintos puntos de Chile, pero también contó con colecciones provenientes del extranjero. De todas formas, no siempre tuvo esa finalidad, pues durante la Guerra del Pacífico, se le ocupó como un banco de sangre, para mejorar a algunos de los sobrevivientes que llegaban heridos desde el campo de batalla, en el norte del país.

En la actualidad, este museo es el más importante en su tipo dentro del país. En su hall principal se pueden ver a diversos animales embalsamados: tigres, gorilas, jabalíes, chimpancés. Muchos de estas criaturas alguna vez habitaron el Zoológico Metropolitano, y otros fueron cazados en tiempos en que aún no eran especies protegidas. Y en centro de ellos, tal vez la principal atracción de este recinto: un gigantesco esqueleto de una ballena azul, el ser vivo más grande del planeta, de 28 metros de largo.

En el piso superior, se aprecia a otro de los colosos del emplazamiento: una osamenta en muy buen estado de conservación de lo que alguna vez fue un Tarbosaurio, uno de los dinosaurios carnívoros más feroces que alguna vez existieron en lo que ahora es Sudamérica. Este reptil medía cuatro metros de alto y nueve de la cabeza hasta la cola; y pertenecía al sub género de los saurópodos, es decir, aquellos grandes lagartos bípedos, que caminaban relativamente erguidos, y que alcanzaban grandes velocidades antes de alcanzar a sus víctimas.

Otros dos de los museos que hay en este parque son el de Ciencia y Tecnología, el cual queda en un edificio con la forma del Partenón, al cual se le conoce justamente con dicha denominación. Acá se les muestra en forma didáctica a las personas como funcionan algunos aparatos tan comunes como la televisión y el teléfono. Además, lo que atrae a grandes y pequeños, son los experimentos que se hacen con corriente eléctrica.

También destaca uno de los pocos museos al aire libre que hay en Santiago: El Museo Ferroviario, que fue inaugurado el 19 de diciembre de 1984. En este lugar cual se muestran 16 locomotoras en un muy buen estado de conservación. Algunos de sus vagones muestran el lujo en el cual viajaban los presidentes a comienzos del siglo XX. Sin dudas, la más fotografiada de todas es un tren conocido como “Montaña”, el cual tiene un peso total de 220 toneladas, siendo el más colosal que alguna vez viajó en el cono sur, y el segundo más grande del mundo, detrás de la llamada “Big Boy”, que recorría el oeste norteamericano.

El patrimonio en los alrededores de La Quinta

No sólo al interior de este parque existen lugares dignos de ser visitados y admirados. También en sus alrededores. A no pocos les llama la atención la belleza del llamado Pabellón París, donde alguna vez funcionó el Museo Aeronáutico y en la actualidad queda el Museo Artequín, como así también la iglesia de El Cristo Pobre o la majestuosa Basílica de Lourdes.

Construido en Francia en 1989, el Pabellón París es una de las pocas muestras que existen en Santiago diseñadas por el célebre arquitecto francés Gustave Eiffel, el mismo que creara la monumental torre parisina que lleva su nombre. Quienes pasan cerca a él, por la Avenida Portales, quedan maravillados con las finas terminaciones de esta ornamentada estructura de acero, la cual se caracteriza además por sus cinco cúpulas vidriadas, cuatro de las cuales son bastante pequeñas, pero la mayor es un referente obligado cuando uno mira desde el interior de La Quinta, frente a dicha construcción.

Vista desde lejos, la Basílica de Lourdes puede semejar más una mezquita que una iglesia católica. Esto, por su marcado estilo bizantino, con líneas rectas, pero coronada con una cúpula de enormes proporciones y una altura que supera los 70 metros, la cual se encuentra rodeada por 16 esculturas de diversos profetas. Al lado una torre vertical, que semeja a los minaretes de los templos musulmanes.

Edificada entre 1929 y 1958, esta basílica ubicada en Lourdes 645, en la comuna de Quinta Normal, es uno de los templos más visitados en lo que es Santiago Poniente. No sólo por turistas que se fotografían junto a ella, si no que por decenas fieles que semana a semana llegan hasta la gruta adyacente, a orar a la virgen de Lourdes.

Así es como la Quinta Normal sorprende, no sólo por los lugares que son visibles en su interior, sino que además por las construcciones que la rodean. Es por todo esto que más de alguien puede asegurar, sin temor a equivocarse, que dicho recinto resulta ser “mucho más que museos y áreas verdes”.

jueves, 11 de junio de 2009

Sólo 365 días nos separan de Sudáfrica

El 11 de junio del 2010, la pelotita seguirá rodando, pero ahora en el marco de la decimonovena Copa Mundial de Fútbol F.I.F.A. Es decir, falta justo un año para que vuelva el circo máximo del deporte más popular del planeta. Y Chile estará ahí, estoy seguro de ello.

Claro, hasta ahora sólo Holanda, Japón, Australia y los locales de Sudáfrica han asegurado su pasaje al Mundial... pero La Roja está cerca, muy cerca. De todas formas, no se puede decir que el camino hacia esta cita internacional ha sido algo sencillo. Para nada. La escuadra nacional ha tenido que sortear rivales muy difíciles y canchas complicadísimas, pero por suerte ha salido inmune en muchas de ellas. Y, a juicio de muchos, uno de los responsables ha sido Marcelo Bielsa, de quien admito siempre o casi siempre he sido un detractor.

El factor Bielsa

A estas alturas, ¿qué puedo decir de Marcelo Bielsa? De a poco me ha ido convenciendo, es más, se ha ganado mi respeto. Pero de ahí a endiozarlo o arrodillarse frente a él, como lo hacen muchos hinchas y periodistas, jamás. El gran mérito de Bielsa ha sido imprimirle una mentalidad ganadora a su plantel, y pararlos siempre buscando el arco contrario, tanto de local como de visita. Además, tuvo la suerte de que le tocó una generación de futbolistas brillante, formada por Borghi en Colo-Colo el 2006 y por Sulantay en la Rojita sub 20 hace un par de años atrás.

Desde que empezaron las eliminatorias, pienso que para Chile es un fracaso no llegar a este mundial, justamente por el enorme potencial de sus figuras. Es decir, Bielsa está cumpliendo con lo que tenía que cumplir, pues con este plantel donde destacan Chupete Suazo y Héctor Mancilla (goleadores en México), Matías Fernández (mejor futbolista de América el 2006), Arturo Vidal, Alexis Sánchez y Gary Medel (tres de los futbolistas con más futuro a nivel mundial), entre otros tantos, quedar sexto o séptimo era un fracaso rotundo para cualquier técnico, no sólo para Bielsa. Además, no podemos dejar de ser objetivos al respecto: sumando y restando, se sabía, desde antes que empezaran las clasificatorias, que en cuanto a individualidades, Chile era más que Colombia (que nunca más volvió a ser el equipo que practicaba el fútbol galano de los años 90), Ecuador (cuya generación mundialista está absolutamente desgastada y carente de renovación), y muchísimo más que Perú, Bolivia y Venezuela.

¿Los defectos de Bielsa? Lo que más me carga de él: que jamás modifica su esquema, aunque eso le cueste dejar en la banca a algunas de sus figuras, como Valdivia o Vidal. En efecto, si en Argentina dejaba en la banca a Crespo y Riquelme, no es de extrañar que acá haga lo propio con estos dos buenos valores de La Roja. ¿Qué otro defecto tiene Bielsa? Que insiste en jugadores que no tienen el nivel suficiente para estar en la selección, o que simplemente son cagones: insignes fueron las miles de oportunidades que le dio a Gonzalo Fierro y Pajarito Rubio... y ahora con Mark González, Chupallita Fuentes y Roberto Cereceda, casi inamovibles en el esquema de Bielsa.

En todo caso, sumando y restando, el esquema de Bielsa ha terminado por convencerme y es probable que nos lleve al Mundial, que empieza en un año más. Claro que sigo sin compartir esos dos puntos que propuse más arriba, porque a mí me gusta el fútbol aún más de ataque, donde se prorizen a los talentosos por sobre los correcaminos. Pero, ¿para qué calentarme tanto la cabeza? Es probable que justo en un año más esté mirando por televisión a mi selección en la Copa del Mundo, y yo ahí cantando el himno nacional, con toda la emoción que ello implica, y con la esperanza de ver algún día a un Chile campeón del mundo...

martes, 9 de junio de 2009

"Let there be Rock"

"Let there be Rock" es un temazo. Una gran canción. Pero, pese a ello, no es uno de los más grandes éxitos de AC/DC ¿Por qué la cito entonces? Simple: representa lo que muchos rockeros pensamos en este momento: "Dejen que acá haya Rock"...

¿Hasta cuando vamos a ser discriminados los rockeros en Chile? Si bien es cierto que lo ideal es que el Estadio Nacional sea usado en forma exclusiva para el fútbol, también no es menos cierto que si no hay otro recinto de similares características en Chile, igual deberían prestarlo para que ahí toque AC/DC ¿Acaso nos van a privar de ver en vivo a AC/DC? Que injusta es la vida, pensar que muchos llevamos años esperando por ese momento y justo ahora nos cortan las alas.

¿Hasta cuando vamos a ser discriminados los rockeros en Chile? Claro, el Nacional no se puede usar para cosas que no sean partidos de fútbol, pero igual dejaron cantar a Madonna ahí (o más bien bailar, porque ella más que cantante es sólo una bailarina cincuentona). Y obvio: a la Teletón tampoco le van a poner dramas para hacer su ceremonia de clausura ahí. Pero a los rockeros sí que no se nos respeta en lo más mínimo.

En fin, las autoridades, y el sistema en general parece estar siempre en contra de quienes vibramos con el Hard Rock. Pero, ahora que lo pienso, eso es justamente lo que nos hace ser diferentes al resto y autofortalecernos, porque el Rock está contra todo, pero también parece que acá en Chile, todo está contra el Rock.

¿Está declarada la Guerra? Mientras no aprueben que AC/DC toque "Let there be Rock" en el Estadio Nacional, sí.

viernes, 5 de junio de 2009

¿Batman o Fatman?

Batman tiene el Batimóvil. Fatman anda a pie.

Batman lucha contra los súper villanos, como Acertijo o el Huasón. Fatman lucha contra su señora que lo manda a comprar al supermercado.

Batman es pura fibra. Fatman es pura manteca.

Batman es un súper héroe. Fatman un súper chanta.

Batman es el caballero de la noche. Fatman no existe de noche: se acuesta a las 9.

Batman es ficticio. Fatman es real.

De que el mundo necesita un héroe, no hay dudas. Pero al parecer, Fatman se lo tomó en serio.

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Este Blog está dedicado a SPIKE (26 de Junio de 1996 - 31 de Marzo de 2008 )