domingo, 31 de mayo de 2009

¿Me das tu teléfono?

Antes, cuando más chico, pensaba que lo más complicado era que la niña que te gustaba te diera su teléfono. Pero claro, antes era ANTES, cuando no existía teléfono celular, por ende, sólo te daban el número de la casa, lo cual era un símbolo de confianza increíble... y si te lo daban, era por algo.

Hoy es día, la cosa es distinta: a cualquiera le dan el número celular. Ahora se perdió esa magia de cuando te daban el número de teléfono, pues en ese entonces, si te daban el teléfono, significaba que le importabas... ahora no significa nada, porque el celular se lo dan a cualquiera.

Un mundo de diferencias

Vivimos en un mundo plagado de diferencias. Y diferencias grandes. Ya sea desde el punto de vista físico, psicológico, ideológico, intelectual o económico ¿Por qué se dará esto en nuestra especie? Porque, si hay una especie en la cual hay tanta diversidad, en todo el sentido amplio de la palabra, es en la especie humana.

No deja de ser curioso que, a veces, uno va por la calle y ves a dos personas, a las cuales observas bien y te das cuenta que nada tienen en común. Absolutamente nada, aparte de tener cuatro extremidades, un tronco y una cabeza. Compararlas es como poner frente a frente un canguro y una ballena: son totalmente distintos.

Claro, esa descripción hecha antes es desde el punto de vista físico. Pero, ¿acaso no sucede lo mismo bajo otros parámetros? ¿Qué tienen en común un anarquista y un Opus Dei?, ¿o bien un multimillonario y un mendigo? Ahora viene mi reflexión: ¿será bueno para el mundo tanta diversidad entre las personas? Siempre dicen que "en la diversidad está el buen gusto", pero cuando esta diversidad deriva en odios y resentimientos, ¿valdrá la pena algo tan extremo en ese sentido? Pero tampoco es bueno una sociedad más igualitaria, porque la única vez en que se trató de implantar algo así fue en la ex Unión Soviética, y fue un rotundo fracaso.

De esta forma, mientras algunos pensamos en las desigualdades del mundo, hay otros que están pensando en que ropa ponerse mañana. Esto no es más que un fiel reflejo de lo diverso que es el mundo para las personas... y las mil y una formas que tenemos de afrontarlo.

viernes, 29 de mayo de 2009

Los fieles escuderos del gran Ozzy

De que Ozzy Osbourne es un capo, lo es, y con creces. Pero, aparte de la innegable calidad como vocalista que tiene este denominado Padre del Metal, tampoco puedo desconocer algo que me llama mucho la atención: Ozzy, desde su debut musical por allá por 1967, hasta el día de hoy, siempre se rodeó de grandes guitarristas: el primero de ellos fue Tony Iommi en los inmortales Black Sabbath. Después, en su brillante carrera de solista, se hizo acompañar del desaparecido Randy Rhoads, Jake Lee y finalmente Zakk Wylde.

Un año mayor que Ozzy, Tony Iommi ya tiene 61, pero su espíritu sigue siendo el de un rockero veinteañero: rebelde, innovador y con energía de sobra para derrochar. Es que no podía ser de otra forma, ya que este tremendo guitarrista también fue uno de los puntales fijos de Black Sabbath, tal vez uno de los grupos que más ha influído en la escena metalera mundial.

Al igual que Ozzy, Iommi es oriundo de Birmingham, la urbe industrial del centro de Inglaterra. Y a decir verdad, no es de extrañar que en un lugar tan sombrío y opaco, como lo es Birmingham, se dieran en forma contemporánea dos mentalidades que tallarían el camino que, años después, iba a orientar a un sinfín de generaciones metaleras al rededor de todo el orbe. Es que a Iommi, casi tanto como a Ozzy, se le considera uno de los fundadores del Heavy Metal, siendo en conjunto una de las duplas más bestiales que haya tenido la historia del Rock.

Los riffs oscuros y arrastrados que le sacaba a su guitarra se convirtieron en un sello característico de Black Sabbath. Sobre esos pesados riffs, la banda iría creando las bases que dieron origen al Heavy Metal. Sin lugar a dudas, Iommi llegaría a ser uno de los guitarristas más trascendentales que haya dado el Rock, donde fue mucho más que sólo el compañero para Ozzy: fue su complemento ideal. Esta sociedad duraría hasta 1980, año en que Ozzy abandonó a Black Sabbath para formar su propia agrupación.

Cuando Randall William Rhoads, más conocido como Randy Rhoads, fue a probarse para formar parte de la banda solista que comenzaba a formar el carismático Ozzy Osbourne, debe de haber pensado que iba tras un sueño: tocar junto al mítico ex vocalista de Black Sabbath. Dicen que a Ozzy apenas le bastaron unos minutos de audición para darse cuenta de la destreza de Randy: lo aceptó casi de inmediato.

De esta dupla letal salieron los dos primeros discos de Ozzy en solitario: "Blizzard of Ozz" (1980) y "Diary of a Madman" (1981). Durante el tiempo en que Randy estuvo con Ozzy, dejó una marca registrada: sus rápidos riffs y sus punteos desenfrenados marcaron un sello. Claro que sólo fueron tres años, pues un accidente aeronáutico se encargó de llevarse al joven Randy y de enterrar todas sus ilusiones. Pero, de todas formas, ese período igual le bastó para entrar por la puerta ancha a la galería de guitarristas inmortales que ha tenido el Rock.

Tras la muerte de Randy, Ozzy entró en una fuerte depresión, pues, más que compañeros, ambos eran amigos. En esos tres años juntos, habían forjado una relación muy cercana entre los dos. Pero la vida debía continuar y, como dicen por ahí, las leyendas son para escribirlas, así que Ozzy tenía que seguir escribiendo la suya. Así que el encargado de la difícil misión de hacer olvidar a Rhoads fue el también norteamericano Jake Lee.

Ozzy había visto con interés el desempeño realizado por Jake en uno de sus antiguos grupos: Ratt, la que hoy en día es una banda de culto para los más fanáticos del Heavy Metal y todo lo que es la escena del Hard Rock ochentero. Junto a Ozzy, Lee participó en la grabación de dos los mejores álbunes de la discografía de este gran vocalista del Rock: "Bark at the Moon" (1983) y "The Ultimate Sin" (1986). Y, tal vez siguiendo el ejemplo del desaparecido Randy, Lee también mantuvo un perfil extraordinariamente bajo, pero una calidad musical a toda prueba.

Jake Lee dejó la agrupación en 1987, para seguir su rumbo por otro lado. Pero tras de sí, dejó una marca, patentada con la versatilidad de sus interpretaciones y la limpieza y pulcritud que tenía al tocar su instrumento. Puede parecer una interpretación muy personal, pero a mi juicio, Jake Lee debe ser el guitarrista más subvalorado que haya tenido el Rock, porque en verdad era un maestro, aunque son muy pocos quienes lo ubican.

Con la salida de Lee, nuevamente el puesto de guitarrista quedaría vacante en la banda de Ozzy. El encargado de tomar el relevo sería Jeffrey Phillip Wiedlandt, de tan sólo 20 años, cuyo pseudónimo sería Zakk Wylde. Eso fue en 1987, y al año siguiente grabó el disco "No Rest for the Wicked". Así, este joven veinteañero pasó de tocar ante su grupo íntimo de amistades en pequeños pubs, a estadios colmados de público, con 60 o 70 mil personas en promedio.

Desde su debut por allá por 1988, Zakk demostró que estaba para cosas grandes. De a poco fue puliendo su estilo, hasta convertirse en un verdadero bombardero con sus riffs demoledores. La velocidad de Randy y la fuerza de Iommi parecieron juntarse en la guitarra de Zakk, y así fue naciendo un ídolo de las masas, un verdadero guitar-hero, al igual como alguna vez lo fueron Ritchie Blackmore en Deep Purple o los veteranos Carlos Santana o Eric Clapton. Es que, a estas alturas, y ya con 22 años de trayectoria, se puede deicr con propiedad que Zakk Wylde es un guitar-hero de verdad... tal vez el último en su especie.

A 200 años de la muerte de Joseph Haydn

Un día de 1784, Joseph Haydn, en ese entonces considerado el músico más importante del mundo, tuvo la oportunidad de conocer a un joven con una destreza instrumental de excepción. De inmediato le comentó al padre del muchacho que "llegará a ser el compositor más grande de todos, ya que tiene un buen gusto y mucha sabiduría para componer". Ese joven era un tal Wolfwang Amadeus Mozart.

Pero, como muchos otros tantos genios de la música, Haydn también fue un genio precoz. Fue así como en los 77 años de vida, de a poco se transformó en un talento sólo comparables con J.S. Bach y Vivaldi. De todas formas, su legado musical difiere mucho del de sus predecesores: mientras estos componían música barroca o composiciones para órgano y clavesín, Haydn se fue más por el lado de las marchas estilo militares, por su lado más patriótico. Así, no es coincidencia que 200 años después de su muerte, el himno de Alemania esté hecho en base a la que era una de sus composiciones. Es así como, en el segundo centenario del fallecimiento de este erudito muscial, su influencia sigue más viva que nunca.

jueves, 28 de mayo de 2009

Reflexiones a los 29

Lo admito: rara vez escribo sobre mí en mi Blog ¿Por qué? No sé, es que prefiero hacerlo más sobre las cosas que me gustan para escribir, en vez de tener que hacerlo sobre uno mismo.

De hecho, ahora trataré de hablar de un tema bien íntimo, del que no siempre hablo: las mujeres. Me acuerdo que antes, como hasta los 20 años, era terriblemente tímido. Como que le tenía miedo a las mujeres. Por suerte, y gracias a Dios, eso se me quitó ya en su totalidad. Ahora soy todo lo contrario que en aquel entonces: lanzado, a veces en demasía.

¿Qué pasó en ese intertanto que me hizo cambiar de tal forma? Es que, un día cualquiera, me di cuenta de que siendo tímido no iba para ningún lado. Uno es de la misma especie que las mujeres, por ende, resulta curioso y hasta extraño cuando un hombre le tiene miedo a ellas. Claro que cuesta dar el salto de ser tímido a ser "lanzado" o "aperrado", como prefiero decirlo yo. Cuesta, pero hay que atreverse a hacerlo ¿Por qué? Simple: porque vale la pena.

¿Qué consejo le puedo dar a los que son tímidos y que les cuesta superar su timidez para acercarse a las mujeres? Prefiero no hacerlo, para que no me salga más competencia al camino. Pero sólo recuerden dos frases que cambiaron mi vida: "El mundo es de los que se atreven" y "El dinero hay que invertirlo en vivencias". Sólo eso, el resto llega por añadidura.

domingo, 24 de mayo de 2009

Monumentos nacionales de Santiago centro: las mil caras del patrimonio santiaguino

En total, son 39 los diversos templos y edificios públicos de dicha comuna que son considerados "Monumentos Nacionales". Los más antiguos datan del siglo XVI, pero la mayoría son de comienzos del siglo pasado. Todos ellos conforman parte importante de la fachada cultural de la capital, mientras siguen causando admiración por su belleza y estilo.

Son las once de la mañana de un día de semana en la Plaza de Armas. A un costado del lugar, se encuentra estacionado un moderno bus de color blanco, del cual bajan unos veinte turistas extranjeros, en su mayoría de la tercera edad, los cuales portan diversas cámaras fotográficas, filmadoras, gorros de colores y anteojos para el sol, aunque en rigor el día tampoco está tan asoleado como para usarlos.

De inmediato parten detrás del guía turístico. “This is the Santiago´s cathedral”, dice el hombre. Algunos ingresan al templo, otros siguen ahí afuera tomando fotos. “En verdad, Santiago tiene lugares muy lindos: sobre todo acá y el cerro Santa Lucía”, cuenta Isidro Fernández, un turista uruguayo proveniente de Montevideo, que anda con el grupo.

Es así como la mayoría de los extranjeros que visitan la capital recorren tres o cuatro puntos emblemáticos del centro de Santiago: La Plaza de Armas, La Moneda y el Cerro Santa Lucía. Después de ello, son llevados a conocer Providencia, Las Condes y el barrio alto. Siempre es así, una y otra vez, ya que lamentablemente, se van de vuelta a su país creyendo que esos son los únicos puntos interesantes de la ciudad, mientras ignoran que hay otros tantos muy dignos de fotografiar y de observar.

El monumento más antiguo de Santiago

De todas las construcciones que, hasta el día de hoy se mantienen en pie, la más longeva es la iglesia de San Francisco, ubicada en La Alameda, a pasos del tradicional barrio de París y Londres. La edificación data de 1572, siendo una de las pocas en su tipo que aún existen en Chile. Tanto el templo principal como el adyacente museo de la congregación franciscana forman parte de las escasas muestras del arte colonial que se mantienen hasta nuestros días.

Visto desde el bandejón central de La Alameda, el campanario de este templo se ve imponente. Pero lo que más llama la atención a los transeúntes, más su altura, es la belleza de sus terminaciones. La torre principal, adornada con columnas blancas, le da un aspecto solemne. Y el reloj situado en su parte superior indica la hora a todos quienes pasan por ahí, pero además, parece hacerles notar que, aunque pase el tiempo y los años, esta centenaria iglesia permanece en pie. Y a decir verdad, en un bastante buen estado de conservación.

“Este es uno de los puntos más tradicionales de Santiago. Todos alguna vez han pasado frente a la iglesia San Francisco y la han mirado con admiración. En el fondo, si nunca te has detenido a contemplarla, es como que no fueras santiaguino”, afirma Raúl Pacheco, un anciano que da de comer pan a un grupo de palomas, sentado frente a la pileta que está frente a la entrada principal del santuario.

El color rojo colonial y sus paredes de adobe confirman que se trata de una obra más que centenaria. Ese tono opaco contrasta con el intenso blanco de los numerosos buses del Transantiago que pasan junto a ella. Como así mismo, se oponen el ajetreo de las bocinas y frenazos que se escuchan en La Alameda, con la paz y silencio que se siente en el interior de la iglesia. Por dentro, la capilla es oscura y fría. Las paredes, cubiertas por piedras meticulosamente cortadas, le dan aspecto sombrío e incluso un tanto lúgubre.

En el costado sur de la nave lateral, adyacente a la puerta de entrada, está una estatua de Jesucristo, hecha de madera policromada. En ella se aprecia la corona de espinas, bañada en sangre, y su rostro demuestra un hondo dramatismo que invita a los fieles a orar y reflexionar junto a ella. Se le conoce como “El Señor de la Caña” y es de un autor anónimo. Sólo se sabe que fue traída desde el Perú después de la Guerra del Pacífico.

El punto financiero de Santiago centro

En la intersección entre Moneda y Bandera se encuentra la Bolsa de Comercio y también el edificio del Banco BBVA. Ambos fueron construidos a comienzos del siglo pasado: 1913 y 1920, respectivamente. Estas dos construcciones se hayan separadas por la calle La Bolsa, que no es más que un callejón con piso de adoquines, por el que sólo transitan personas a pie. Si se les observa desde la vereda contraria, es fácil darse cuenta de que sus estilos arquitectónicos son bastante similares: sus elegantes terminaciones se asemejan, y sobre todo, las cúpulas que poseen en su parte superior. El reloj que se haya en el frontis del edificio de La Bolsa de Comercio es mirado de reojo por los transeúntes, quienes aceleran o disminuyen la velocidad de sus movimientos, dependiendo cual sea el caso. Esta una postal más que tradicional de lo que es el centro de Santiago, o más bien, el punto financiero del centro de Santiago.

“Trabajo acá desde hace casi treinta años. Y siempre me ha llamado la atención que las dos construcciones son tan parecidas. Pero, a decir verdad, eso justamente le da un toque distintivo a este lugar. El hecho de que estén este tipo de construcciones tan lindas, como que me imagino que alivia del stress a la gente que trabaja ahí”, declara Armando Tapia, un quiosquero que vende periódicos a pocos metros de la elegante entrada de La Bolsa de Comercio.

Finos adornos de madera color caoba, murallas decoradas con columnas y reluciente piso de mármol. Así es el elegante hall de entrada del edificio de La Bolsa de Comercio, que se adecúa a la formal vestimenta de los numerosos ejecutivos que cruzan una mampara de madera de tonalidad brillante. La belleza y sobriedad de esta construcción hicieron que el 30 de junio de 1981 se le declarara Monumento Nacional.

Al igual que la sede de la Bolsa de Comercio, el actual edificio del Banco BBVA también pasó a engrosar la lista de monumentos nacionales ese mismo día de 1981. Claro que, en aquel entonces, funcionaba ahí otro banco: el Banco de Santiago. Después estuvo ahí el BHIF y posteriormente el BBVA, que es su uso actual. Pero la mayor parte de la historia de esta construcción estuvo vinculada al Hotel Intercontinental: desde la década del 20 hasta 1975. Durante esos años, fue uno de los hoteles más lujosos y exclusivos del centro de la capital, pero también uno de los más caros: por esto mismo que al final fue vendido para instalar ahí una entidad bancaria.

Iglesia de San Agustín y El Cristo de Mayo

Numerosos vendedores de flores, pero también de pósters de equipos de fútbol y de discos piratas, se agolpan en las afueras del centenario Templo de Nuestra Señora de Gracia, más conocido como Iglesia San Agustín, emplazada en la intersección de Agustinas con el transitado Paseo Estado.

El templo posee una entrada fastuosa, con columnas de estilo dórico. Su color es un crema suave y sus terminaciones son neoclásicas. En la parte superior de la fachada se lee con números romanos la fecha de su construcción: 1625. Por su puerta principal ingresan numerosos fieles, casi de todas las edades. Es muy probable que ésta sea la segunda iglesia más visitada del centro de Santiago, después de la Catedral Metropolitana.

Al entrar a su interior, de inmediato resaltan a la vista dos elementos muy particulares: uno es un enorme y antiguo órgano a tubos, similar a los que hay en las catedrales europeas. El otro, una imagen conocida como “El Cristo de Mayo”, tal vez la estatua de Jesús crucificado más conocida y popular que existe en Chile.

El Cristo de Mayo, tallado en 1612 por un monje agustino, alguna vez perteneció a La Quintrala, pseudónimo con el que se conocía a Catalina de Los Ríos y Lísperguer, un personaje tan polémico como legendario en la cultura criolla. Después de la muerte de la mujer, la estatua pasó a estar ubicada al fondo de una de las naves laterales del templo. “Su aspecto inspira lástima, pero también es un poco siniestro”, cuenta una mujer mientras se pone de pie, tras haber estado orando de rodillas. En efecto, el rostro de ese Cristo es de un profundo dolor de agonía, que para ojos de muchos, puede ser un tanto tétrico.

Según se asegura, en mayo de 1647 hubo un terremoto que dejó por los suelos a casi toda la ciudad. Sólo algunas iglesias como San Agustín, San Francisco y parte de la de Santo Domingo se salvaron del descalabro. Uno de los sacerdotes agustinos, al ver que el sismo hizo que la corona de espinas del Jesús crucificado le bajara a la garganta, trató de ponérsela de nuevo sobre la cabeza. Pero al tomarla, se sintió un nuevo remezón. Después lo volvió a intentar, pero se sintió otra réplica, aún más fuerte. Fue por ello que hasta hoy, la corona de espinas descansa en el cuello y no en la frente del Cristo de Mayo. Y desde ahí que se hacen peregrinaciones por los paseos Estado, Ahumada y Plaza de Armas con esta verdadera reliquia, todos los 13 de mayo de cada año.

Un palacio que se cae a pedazos

En la esquina nororiente de Huérfanos y San Martín se encuentra un palacete imponente por sus dimensiones, pero penoso por su más que deteriorado aspecto: el Palacio Pereira. Sus paredes decoloradas y sus murallas agrietadas indican que en verdad ha sufrido el paso inmisericorde del tiempo. Temblores, terremotos y más de algún incendio han dejado su maltrecha estructura a punto de desmoronarse. Su estado actual es de total abandono, el cual contrasta con los modernos edificios que lo rodean casi por completo.

“Me da pena verlo así. Debe de haber sido tan bonito en sus tiempos, pero ahora está ahí en desuso. Lo peor, es que al primer remezón se puede caer y hasta es medio peligroso para la gente que transita por acá”, reconoce Alejandra Vargas, quien trabaja en un negocio del sector. Arturo Ramírez, abogado que todos los días camina por Huérfanos hacia el centro, cuenta que “hasta me da miedo pasar por esa vereda. Siempre cruzo al otro lado de la calle, porque me imagino que se puede caer cualquier escombro y hasta ahí no más llego”, mientras acelera la marcha.

El palacio fue construido en 1972, y perteneció a un aristócrata de la época, llamado Luis Pereira Cotapos, por eso que la mole de concreto lleva ese mismo nombre. Debido a su estilo clásico, con terminaciones corintias, es declarado Monumento Nacional en agosto de 1981. Pero en la actualidad está en desuso, y lo peor, casi cayendo a pedazos. Sin dudas, el Palacio Pereira no sería un lugar muy digno de mostrar a los turistas. Por lo menos no mientras a alguien no se le ocurra repararlo.

sábado, 23 de mayo de 2009

¿Busco pega?

Siempre me he fijado que todo el mundo dice "busco pega" (es decir, trabajo), casi con desesperación. Pero de ellos, nadie o casi nadie trabajaría gratis. Es más, muchos de ellos trabajarían en cualquier cosa, aunque detestaran su nueva fuente laboral.

Al respecto, me pregunto ¿Por qué no son sinceros con ellos mismos, y derechamente dicen "busco dinero", en vez de andar poniéndole otro nombre al de su verdadera necesidad?

viernes, 22 de mayo de 2009

El día en que Oman Biyik puso de cabeza a la Argentina de Maradona

Mundial de Italia 90. Puede que haya sido el mundial donde menos goles se han promediado en la historia de las copas del mundo. Pero, para mi gusto personal, es el mejor mundial que he visto ¿Por qué es ésto?, ¿que acaso ahora me gusta el fútbol defensivo? Para nada, en absoluto. Es que en dicho torneo hubieron pocos goles, pero no porque los partidos hayan sido tan fomes, si no que porque, por primera vez, el fútbol se empezó a enfocar principalmente desde la perspectiva de la disciplina y táctica por sobre el alarde individual. Acá surgieron las grandes defensas, los bloques posteriores estilo muralla, que antes no habían. Fue un cambio radical en la forma de enfocar y de ver el fútbol.

En dicha copa, confluyeron una pléyade de futbolistas de primer nivel como nunca se había visto en un Mundial: Maradona, Matthaus, Gullit, Van Basten Baresi, Maldini, Schillacci, Gascoigne, Caniggia, Littbarski, Klinsmann, Baggio, Vialli, Hagi y Butragueño, por nombrar sólo a algunos. Pero, dentro de esa constelación de súper-estrellas, todo el mundo quedó sorprendido por el accionar colectivo individual de Camerún. Sí, la modesta nación de África central, que poco antes del campeonato, en algún programa chileno, algún ignorante dijo que "le sonaba más a un molusco tropical que a un país".

En el papel, el debut de los llamados "leones indomables" no podía ser más complicado: la Argentina de Diego Armando Maradona, campeona cuatro años antes en México. El hecho de que el encuentro haya sido bien disputado ya sorprendía a las 73 mil personas que llenaban el espectacular estadio Giuseppe Meazza de Milán. Pero el gol del delantero del Rennes, Francois Oman-Biyik, en el minuto 79 haría que la incredulidad se tomara el coloso milanista. Nadie lo creía: el que, en teoría era el elenco más modesto del Mundial, vencía al monarca del orbe. La anotación fue digna de verla mil veces: un salto impulsado como si tuviese resortes en los pies, un "tunazo" dirigido al medio del arco, que con un rebote y la complicidad del meta Nery Pumpido, se coló en el pórtico trasandino. Golazo y a cobrar.

A partir de ahí, el modesto Camerún ya no era tan modesto como se veía antes del Mundial, ni menos "una especie de molusco tropical", si no que empezaba a figurar en los mapas como un país con negritos buenos para la pelota. Desde ese entonces, Camerún pasó a ser respetado en el concierto futbolístico. Claro, porque el gol de Oman-Biyik cambió la historia no sólo de su aguerrida tierra, si no que de todo el fútbol africano.

A la postre, "los leones indomables" llegaron hasta cuartos de final, siendo eliminados por la Inglaterra de Gascoigne en un partidazo de antología. Pero ese salto que ya quisiera dar cualquier canguro, ese testazo fuerte al medio, el error garrafal del arquero Pumpido (de hecho, ese sería el último partido que disputaría por la selección de su país) y la celebración con pirámide humana incluida, fueron imágenes que quedaron grabadas en las retinas de los fanáticos del fútbol, y amantes de la emoción y el espectáculo en el campo de juego.

Para algunos televidentes, ese fue sólo un gol. Para otros, un tanto más fanáticos, un golazo. Para aquellos que nos gusta la poesía del fútbol y las enseñanzas que nos deja para la vida, fue el triunfo de la humildad por sobre la soberbia: un golpe a la cátedra de los que, en teoría, nada tienen que decir...

martes, 19 de mayo de 2009

Mi nuevo hogar: una mañana cualquiera

Cierro la puerta del departamento y camino en forma casi inconsciente, producto del sueño, hasta el ascensor. Aprieto el botón y de inmediato las puertas se abren. Una vez adentro, miro hacia el espejo que ocupa toda la pared posterior del ascensor: Ahí estoy yo, con mi cara que denota sopor y cansancio, algo tan típico de esa hora de la mañana.

Dentro del edificio, el aire es tibio. Pero ya sé de antemano que afuera hace frío: Siempre es así en los amaneceres a esta altura del año. Saco mi gorro de lana y me lo pongo hasta que me cubre las orejas. Todo esto mientras avanzo a paso cansino hacia el portón. Ahí está el conserje, que me saluda amablemente. De inmediato, siento el sonido característico que me indica que el portón ya está abierto.

Una vez en la calle, camino en forma casi autómata. El sueño que tengo me hace parecer un zombie. Mas no importa demasiado, pues mi actual casa, en rigor departamento, queda a sólo cinco cuadras de la universidad. Es por eso que, aunque sólo faltan 12 minutos para entrar a clases, y que ando casi trastabillando producto de la modorra matutina, igual estoy seguro 100% de que voy a llegar a la universidad antes de las 8:30.

Antes de partir, volteo mi cabeza y miro mi edificio. Sé que hacer eso no es algo común, menos cuando uno va casi atrasado al lugar de destino. Pero lo hago, en verdad, porque me gusta mirarlo, para asegurarme de que ese es mi nuevo hogar, ya que vivo ahí hace poco más de un mes.

sábado, 16 de mayo de 2009

Los mejores conciertos en que he estado (Segunda Parte)

En la primera parte de esta lista, ya puse a cinco de los grupos que más me ha gustado escucharlos en vivo: Iron Maiden, Roger Waters, KISS, Santana y Ozzy Osbourne. Ahora continúa la lista:

6) DEEP PURPLE

Uno de los grupos clásicos infaltables del Hard Rock. En verdad, a estas alturas, pocas bandas pueden jactarse de tener tal cantidad de temazos como Deep Purple. Puede sonar un tanto cliché, pero creo que un rockero no puede morirse sin antes habier escuchado en vivo a Deep Purple tocando "Smoke on the Water".

La vez que pude escuchar frente a mí a Deep Purple fue hace unos años atrás, cuando se presentaron en la Pista Atlética del Estadio Nacional. Fue tremendo, pues demostraron que, pese a que ya no están el tecladista John Lord o el excelente guitarrista Ritchie Blackmore, igual mantienen la calidad casi intacta. Sus reemplazantes, Steve Morse y Don Airey, comprobaron que están a la altura. El resto de la banda se mantiene casi igual que en los años 70: Ian Gillan en voz, Roger Glover en bajo e Ian Paice como encargados de la batería y las percusiones, respectivamente.

Con esa calidad de músicos de primer nivel, y ya cuatro décadas de trayectoria, el show no podía no ser otro que un derroche a litros de puro talento y grandes canciones, una tras otra. Este fue otro grupo para el cual los años de espera valieron la pena.

7) JUDAS PRIEST

Era la primera vez en que este grupo, uno de los pioneros del Heavy Metal, tocaba en suelo nacional. Claro que la venida de Judas Priest era en el marco de un festival llamado "Monsters of Rock", en el cual se encontraba acompañado de Whitesnake y de los argentinos Rata Blanca. Sin dudas, cada uno de los tres grupos aportaba lo suyo: Judas Priest ponía la parte potente, ya que su sonido característico es uno de los más inconfundibles del Heavy Metal. Whitesnake representaba a esa generación incombustible del Glam Rock ochentero que se niega a morir, todo gracias a esos temazos que forman buena parte del inconsciente colectivo rockero. Y por último, Rata Blanca es una de las bandas metaleras más influyentes del habla hispana, sólo comparable con los míticos hispanos de Barón Rojo.

La salida de Judas Priest al escenario fue algo espectacular. Nunca había visto algo similar. Empezó con la ya clásica "Hellion/Electric Eye", mientras se sentía la voz casi metálica del calvo Rob Halford, pero algo curioso: no se le veía por ningún lado. En eso, Halford apareció en el escenario subiendo en una especie de ascensor. El público chillaba enfervorecido. Nunca voy a saber si era por la pirotécnica actuación que veían ante sus ojos, o simplemente por la emoción de tener a Judas Priest por primera vez en Chile.

8) DREAM THEATER

Si es que existe un grupo con una técnica exquicita, que roce la perfección, ese es Dream Theater. Esta agrupación norteamericana, con el correr del tiempo, se ha ganado todo mi respeto y además, mi admiración.

Recuerdo una vez cuando, a comienzos de los 90, escuché en una radio que se referían a Dream Theater como "el futuro del Rock Progresivo". Yo, al compararlos con bandas como E.L.P., Genesis o Yes, lo primero que creí es que se trataba de una broma de mal gusto de parte del locutor de ese programa, o por lo menos una declaración bastante exagerada.

Pero los años fueron pasando, y este quinteto que en un comienzo me parecía "cuadrado" y "falto de pasión", me empezó a agradar y de ahí, derechamente, a gustar. Por fortuna, cuando Dream Theater visitó nuestro país por primera vez, yo ya hace rato que era un fanático que poseía unos cinco de sus discos (originales, por cierto) y un buen conocedor de su discografía. Como era de esperar, el show fue redondo, y con un despliegue técnico en verdad fabuloso.

9) JETHRO TULL
Un show íntimo, pero a la vez emocionante. El pequeño Court Central del Estadio Nacional cobijó un espectáculo sencillamente notable. Poder ver a un grupo como Jethro Tull, desde tan cerca, fue increíble.

Dentro del mundillo rockero, una de las bandas que mejor mezcla el Rock Progresivo con el Art Rock y Rock clásico son estos ingleses. Además, la flauta traversa del talentoso Ian Anderson, el líder indiscutible de Jethro Tull, le da una atmósfera muy particular, tan propia, que en verdad sólo esta agrupación puede hacer sentir ese tipo de sensaciones. Un grupo que emociona como pocos es Jethro Tull, sobre todo cuando es durante una lúcida noche de primavera... y a pocos metros de distancia.

10) THE POLICE

El grupo más vendedor de la década de los 80, y por qué no decirlo: en su momento, el más popular de todo el orbe, tenía una deuda pendiente con Chile. Y se demoró más de 15 años en pagarla. Ya más de una década había pasado desde aquel día de verano de 1982, cuando los ingleses, encabezados por el ultra carismático Sting, saltaban a la Quinta Vergara para hacer vibrar al mal llamado monstruo. Pero ahora era diferente: la banda ya no pasaba por el apogeo de su popularidad ochentera; de hecho, volvía a reunirse después de mucho tiempo, pero la expectación igual era tremenda.

Un estadio Nacional lleno era, por primera vez, el imponente telón de fondo para un show en vivo de The Police. Parecía cosa de minutos para que clásicos que acompañaron a toda una generación se dejaran caer, uno tras otro. Esa noche, Sting y los suyos le dieron al público justo lo que éste más quería: recuerdos y más recuerdos, al por mayor...

Randy Rhoads, un Rock-Star de bajo perfil

"...Bueno, es un poco extraño. Siempre me he visto sólo como un músico. Yo nunca pensé en mí mismo como una estrella. Ozzy es una estrella del Rock; yo sólo soy parte de la banda". Con esas palabras tan humildes, se describió alguna vez Randy Rhoads, un joven guitarrista que brillaba por sus riffs demoledores y por la velocidad con que tocaba las seis cuerdas de Gibson Les Paul Black Beauty o las doce de su Gibson Firebird.

Así, este chascón de 25 años le mostraba al mundo que no todos los Rock-Star son ególatras y petulantes. Por su calidad musical, Rhoads era un guitarrista capo como pocos, "un grosso" como se le habría dicho en los años 80s. Sus inicios en los glamorosos Quiet Riot y su momento cúspide como el fiel escudero del legendario Ozzy Osbourne lo catapultaron como uno de los inmortales del Rock. Pero claro: su bajo perfil y su personalidad introvertida hicieron que no fuese tan sobravalorado como otros rockeros que también partieron antes de cumplir 30 años.

Cuando recién tenía 25 años, un accidente aéreo se llevó al chascón Randy. Fue el 19 de marzo de 1982, en las cercanías de Orlando, Florida. De esta forma, este rockero californiano pasó a mejor vida. Pero su legado, basado en potentes riffs y punteos que llegaban a emocionar, pasarían a la posteridad. Claro: Randy nunca será un rockero masivo, porque más que hablar y posar para las cámaras, se dedicaba a tocar. No podía ser de otra forma: Randy hablaba con su guitarra, no tanto con su boca, como otros...

domingo, 10 de mayo de 2009

No es lo mismo un motociclista que un motoquero

Llega incluso a ser divertido. Tal vez hasta más que chistoso. Pero acá en Chile, en los medios en general, cuando hablan de "motoqueros" se refieren a un simple motociclista, como si ambos fuesen lo mismo.

Antes que todo, advierto que yo no ando en moto y nunca lo he hecho. En verdad no me interesa hacerlo. Pero creo que igual es importante que los medios, de una vez por todas, aprendiesen a hacer la diferencia entre ambos conceptos:

1) Motociclista:

El motocilista es un individuo que, por lo general usa camisa, corbata y pantalón de tela, o bien jeans. Puede o no andar con la corbata, pero es como una versión mucho más ñoña del motoquero. El motociclista anda sobre una motocicleta, o bien una moto común y corriente, sin nada especial. Si usa casco, es un caso que le cubre toda la cabeza, e incluso en algunos casos, le tapa hasta la cara.

Dicho en otras palabras: el motociclista es el tipo normal que se sube arriba de una moto normal. Es alguien común y corriente, arriba de una moto también común y corriente.

2) Motoquero

El motoquero es un rockero arriba de una moto. Se destaca porque usa pantalón y chaqueta de cuero. Su indumentaria puede estar adornada o no por puntas metálicas o cadenas. Es la versión rebelde del motociclista.

La moto usada por el motoquero no es cualquiera. Es una Harley Davidson o algo similar. Es un vehículo adecuado al estilo rudo del motoquero. Un motoquero jamás va a andar en una motoneta ni en una moto estándar, ni menos va a subirse a una vistiendo camisa, pantalón de tela o corbata.

Para el motoquero, su moto es como una proyección de sí mismo. La moto también debe ser ruda, y digna de un rockero.

A fin de cuentas, el motoquero es un rockero con toda su indumentaria de tal, subido arriba de una moto no menos rockera. La moto para el motoquero es actitud, pero no la actitud del motociclista, sino que actitud de rockero: de motoquero.

domingo, 3 de mayo de 2009

Los mejores conciertos en que he estado (Primera Parte)

En mi vida puedo decir que he ido a varios conciertos y mega conciertos de Rock. Y Rock en diversos estilos, desde algunos bien comerciales hasta otros no tanto. A continuación, haré una lista con los 10 mejores conciertos a los que he ido. Claro, para evitar polémicas, diré que no son en orden, sino que sólo una lista.

1) IRON MAIDEN
Sí, lo dije: la cosa no es en orden, pero igual parto poniendo a mi grupo favorito. Sí, también es cierto: en rigor, mi grupo favorito no es Iron Maiden, sino que Pink Floyd. Pero a Pink Floyd ya no los vi, en cambio a Iron Maiden he tenido la suerte de verlos tres veces en vivo ya. Y ojo, que si vinieran 500 veces, iría las 500 veces.

Para mí, ver a Iron Maiden es casi una experiencia religiosa. Es que es uno de los grupos que más pasiones es capaz de levantar entre sus fans incondicionales, incluyéndome. La voz inconfundible de Bruce Dickinson, el bajo galopante de Steve Harris, los duelos épicos de las guitarras de Adrian Smith, Janick Gers y Dave Murray, y la consistencia sonora de la batería de Nicko McBrian le dan un sonido inconfundible. Sin lugar a dudas, Iron Maiden es el mejor grupo metalero que ha existido, y dudo que en los próximos 200 años salga alguno que le haga la competencia.

La primera vez que Maiden pisó suelo chileno fue por allá por 1996. En esa época, la banda me gustaba, pero yo quería verla con el gran Bruce Dickinson como vocalista, no con Blaze Bailey, así que no fui. Para la segunda vez, hace ya nueve años, sí que tenía muchísimas ganas de asistir. Pero un viaje familiar a las Termas de Puyehue justo para esa misma fecha me volvió a dejar con las ganas. Las otras tres veces en que La Doncella de Hierro ha tocado en nuestro país, sí he dicho presente.

Y de las tres, la mejor fue la última. El sonido siempre ha sido perfecto, lo mismo que en cuanto a lo musical, ya que son un grupazo intachable. Pero el haber tocado en el Club Hípico ante 60 mil personas le da un toque especial. Fue como transladarse en el tiempo y en el espacio a esos festivales de Monsters of Rock que se hacían en Donington, Inglaterra, a principios de los 90s. Claro, igual distaba mucho, pues faltaban Metallica, Guns and Roses, AC/DC y Van Halen, pero estaban los más grandes: Iron Maiden... Up the Irons!!!

2) KISS

Como concepto de show, lo mejor ha sido KISS. Paul Stanley volando por arriba de las cabezas de los miles de asombrados fans, Gene Simmons chorreando sangre sobre el escenario, guitarras que disparaban fuego, etc... KISS es KISS, y eso se notó aquella noche. Claro que ya no estaban los fieles escuderos: Ace Frehley y Peter Criss, pero qué importaba si frente a mí pude tener a los legendarios Paul Stanley y Gene Simmons. La larga espera de toda una vida tuvo una excelente recompensa. Es por ello mismo que aún suenan con fuerza en mis oídos "Strutter", "Detroit Rock City" y "Rock and Roll All Night".

De todas formas, fue una emoción indescriptible poder presenciar en vivo a un grupo que desde pequeño había querido verlos frente a mí. Espero que pronto estén de vuelta, pues es una verdadera experiencia de culto, que un amante del buen Rock no se la puede perder.

3) ROGER WATERS
La primera venida a Chile de Roger Waters fue especial. Me acuerdo que ese día, cuando el mítico ex bajista y ex líder de Pink Floyd (para mí, el mejor grupo de la historia), salió al escenario del Estadio Nacional a tocar "In the Flesh", un tipo de unos 40 años que estaba al lado mío se puso a llorar y gritaba enajenado "¡Esto es lo más cerca de Pink Floyd que voy a estar en mi vida!". Recién ahí comprendí lo grande que era Waters y también el momento célebre que estaba por disfrutar en aquella oportunidad.

El segundo recital de Waters, también en el Estadio Nacional, fue técnicamente superior. Además, presentó en vivo todo el álbum "Dark Side of the Moon", para muchos, el mejor disco que ha tenido el Rock. Pero, debido a la cantidad de emociones que viví ese ya lejano día de marzo del 2000, me quedo con el primero. Pero ambas presentaciones fueron rutilantes, y tal cual como decía ese tipo, hace ya casi una década, "es lo más cerca de Pink Floyd que podré estar en toda mi vida".

4) SANTANA

A falta de Jimi Hendrix, a quien nunca podré ya ver en vivo, ya que murió hace casi 40 años, muy bueno es Santana. Este guitarrista de origen mexicano es uno de los grandes guitar-hero de la historia del Rock, junto con Ritchie Blackmore, Jimmy Page, Tomy Iommi, Eric Clapton y el propio Hendrix. No por nada, Santana es uno de los míticos héroes de Woodstock: el perfecto desconocido al cual sólo le bastaron siete canciones durante aquella tarde casi mágica del sábado 16 de agosto de 1969, para convertirse en una figura legendaria de la música popular.

Pero ya casi 40 años habían pasado desde esa vez. Ahora Santana es un tipo más que consagrado: experiencia sobre los escenarios, calidad musical, trayectoria y una discografía plagada de temas inmortales son sólo alguno de los condimentos que hacían de su concierto algo imperdible. En realidad, puedo decir que ya tengo la fortuna de haberlo visto en vivo dos veces y en verdad es algo de lo que uno se puede jactar con orgullo. El sólo pensar que cuando tenga hijos y les diga "yo vi a Santana dos veces en vivo" y ellos sólo lo lleguen a conocer en videos, es algo que me pone la carne con piel de gallina.

De la calidad musical y de su talento inigualable es poco lo que se puede agregar. Salvo un detalle: para mí, el buen guitarrista es aquel que toca bien cosas que a muchos les cuesta, el que de una te impacta con su calidad instrumental. Pero sólo los más grandes, como Santana, son capaces de imprimir a su melodía un sonido tan propio, tan característico: ese sonido tan particular de la Gibson de Santana, que lo hace escucharse como a ningún otro guitarrista en el planeta.

5) OZZY OSBOUNE

Sí, Ozzy, el gran Ozzy. Si hay un rockero a quien admiro de sobremanera, por su carisma y por todo lo que le ha dado al Rock, y en especial al Heavy Metal, ese es Ozzy Osbourne.

En verdad, ver a Ozzy Osbourne en vivo es algo que siempre había querido hacer. La única vez en que él había estado en Chile no había podido ir, pero ahora no podía negarme el lujo de decir presente. Es que, a estas alturas, uno no puede asegurar si habrá una nueva vez para verlo cantando todos esos clásicos del Hard Rock.

Claro, en rigor, no era sólo Ozzy Osbourne quien se presentó durante esa noche en la Pista Atlética del Estadio Nacional: también lo acompañaron Black Label Society y Korn, pero estoy seguro que la mayoría de quienes estábamos ahí era por Ozzy, el padre fundador del Heavy Metal.

En verdad, Ozzy Osbourne es de esos pocos rockeros que puede ser elevado a la categoría de "héroe del Rock". Es de esas piedras angulares sobra las que se levanta ese castillo del Rock, donde comparte el honor de estar a la altura de Roger Waters, Jimmy Page, Steve Harris y Jimi Hendrix, por nombrar a los principales. Es por eso que creo que un fanático del Rock no puede dejar de asistir a una presentación de Ozzy, ya que él es, justamente, uno de los cultores más importantes de dicho estilo musical.

Iglesia Sacramentinos: la catedral del barrio San Diego

Uno de los templos más importantes de la capital está próximo a cumplir 80 años. Ya son muchas las generaciones de transeúntes que han pasado bajo su imponente fachada, la cual impacta por una estructura colosal y belleza arquitectónica.

Justo en la esquina de Santa Isabel y Arturo Prat se levanta una majestuosa edificación de 92 metros de altura: la Parroquia del Santísimo Sacramento, más conocida como Los Sacramentinos. Su elegante estilo bizantino y su gigantesca cúpula, al más puro estilo de las basílicas europeas, contrasta con las construcciones que la rodean: edificios modernos sin mayor decoración y antiguas casas de uno o dos pisos, las cuales tienen usos tan diversos como institutos profesionales, talleres mecánicos e incluso sórdidos cafés con piernas.

Ubicada en pleno barrio San Diego, a pasos de la calle del mismo nombre, este santuario aparece como una enorme mole de concreto, visible desde varias cuadras a la redonda. No sólo quienes la ven por primera vez suelen quedar impactados, también aquellos que vienen a menudo a este lugar: “Me gusta contemplarla, pues estar acá es como si el tiempo se hubiese detenido, ya que me imagino que fuese una catedral medieval, de esas que aparecen en las películas”, comenta un joven que descansa tirado en el pasto, al lado de un árbol en el parque Diego de Almagro. La joven que lo acompaña agrega que “este es mi rincón favorito de Santiago. Me trae como paz estar acá durante las tardes, y fumarme un pitito”.

“Le Sacre Coeur chileno”

Cuentan que cuando Ricardo Larraín Bravo, un destacado arquitecto nacional que conformaba parte de la más empinada aristocracia criolla a comienzos del siglo XX, viajó a París, quedó impactado por la magnificencia de la basílica de Le Sacre Coeur, en plena capital francesa. Fue así como se empecinó en la construcción de una iglesia que fuese una copia a imagen y semejanza del célebre templo que corona la cumbre de la colina Montmartre.

Los sacerdotes de la orden sacramentina le encargaron la edificación de una basílica, y de inmediato aprobaron el diseño presentado por Larraín, casi similar a la monumental construcción francesa. Fue así como, en 1911, se comenzó a levantar la cripta, o capilla menor, la cual fue inaugurada el 15 de junio de 1919. Al año siguiente, se prosiguió con la edificación del templo superior. Once años tardó en estar totalmente levantada, con sus 92 metros de altura. Fue en ese entonces cuando se le colocó el retoque final: una gran cruz de tres metros, la cual también fue diseñada por Larraín. De inmediato pasó a ser uno de los referentes arquitectónicos más importantes no sólo de Santiago, sino que de todo el país.

Un monumento que se niega a morir

La iglesia de Sacramentinos es como esas mujeres que tienen 30 años, pero que parecen de 50: el templo fue finalizado en 1931, es decir, en dos años más cumple ocho décadas, pero a simple vista parece que ya tuviese, por lo menos, un par de siglos. Su mal estado, así lo indica. Para nadie es un misterio que el aspecto actual de esta colosal construcción no es de los mejores. El hormigón armado que constituye la parte principal de su estructura se ha visto deteriorado a través del tiempo. Los temblores han sido los principales causantes de su desmejorado aspecto. De hecho, aún luce huellas del potente sismo que azotó a Santiago el 3 de marzo de 1985: algunos de sus vitrales se quebraron y nunca más se les volvió a reparar, un par de cruces que tiene en su parte superior se hayan casi en posición horizontal, y más de alguna grieta se asoma tímidamente entre sus paredes. El calor del verano y las lluvias de invierno también han contribuido bastante a la arruinar su demacrada, pero imponente fachada.

Sin lugar a dudas, el terremoto de marzo del 85 fue el peor día que ha tenido la basílica, en cuanto a lo que su arquitectura respecta. Aquella fatídica tarde, su gran cruz de tres metros se cayó desde la cúpula principal. Afortunadamente, nadie resultó herido con aquel incidente, pero el templo quedó en muy mal estado, lo cual es apreciable a simple vista. De todas formas, si se le compara con otras iglesias de la Región Metropolitana, como la Basílica de El Salvador, los daños fueron mucho menores. En todo caso, no fue hasta 1988 que se comenzó a reparar algunas de las alteraciones más evidentes.

Fue recién el 19 de octubre de 1991 en que la basílica de Los Sacramentinos fue declarada “Monumento Nacional”. Un año más tarde, FAMAE se encargó de instalar una nueva cruz que coronaba la punta de la impresionante cúpula de concreto. Pero este nuevo carácter de monumento nacional no la salvó del todo: hasta el día de hoy, muchas de sus tejas siguen corridas, algunas de sus estatuas aún están parcialmente destruidas y sus otras dos cúpulas presentan daños de diversa consideración. De esta manera, el tiempo sigue pasando, pero la Parroquia del Santísimo Sacramento permanece ahí: no intacta, pero sí inmutable.

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Este Blog está dedicado a SPIKE (26 de Junio de 1996 - 31 de Marzo de 2008 )