viernes, 17 de abril de 2009

La Burbuja tóxica antropofágica

A simple vista, se podría pensar que la ciudad ha sido víctima de un bombardeo o algún cataclismo de dimensiones bíblicas. Pero no. El causante de tal devastación es un ser muy peculiar: La Burbuja tóxica antropofágica.

De burbuja, este brutal monstruo sólo tiene el nombre. En verdad se trata de una masa viscosa, pero con vida propia, la cual mide entre 50 y 60 metros de alto. Entre las propiedades que lo hacen ser tan particular están el hecho de que es una criatura amorfa, que cambia su forma e incluso absorbe balas, proyectiles e incluso misiles. Ni siquiera las armas corto punzantes le hacen daño, pues las derrite con sus ácidos internos, cuando éstas entran en contacto con su cuerpo.

En la parte superior, su par de enormes ojos observa desde una forma panorámica a sus víctimas indefensas como huyen despavoridas, tratando de salvar sus vidas. Otras dos características que le dan su nombre son ser tóxico y antropofágico. Es tóxico, ya que emana gases que paralizan el sistema nervioso y a la vez envenena el torrente sanguíneo con tan sólo respirar los vapores que salen de los poros de su pegajosa piel cubierta de un asqueroso mucus de color verde.

Pero, tal vez su propiedad más siniestra, es que es antropofágico. Es decir, su alimento principal son los humanos. La mayor parte de su dieta son hombres y mujeres. Aunque claro, muchas veces no hace excepciones entre los seres humanos y otros animales, de preferencia vertebrados. Afortunadamente, despierta de su letargo después de mil años y no dura más de una semana en pie antes de volver a irse a descansar en las profundidades del océano. Su origen, como el de otras tantas criaturas aterradoras del suelo y del subsuelo, es desconocido.

lunes, 13 de abril de 2009

Mi larga búsqueda por una vocación profesional: "Más vale tarde que nunca"

Afortunados todos aquellos que salen del colegio sabiendo qué les gustaría estudiar en el futuro: desafortunadamente, ese no fue mi caso.

Muchos en mi curso dirán que siempre quisieron ser periodistas, que jamás lo dudaron. Yo, lamentablemente, no estoy dentro de ese grupo de personas: cuando terminé mi período escolar, donde siempre fui un buen alumno, a decir verdad no tenía idea hacia qué área enfocar mis estudios, y mi vida.

Fue así como me decidí a ingresar a Odontología, una de las tantas carreras que en ese momento me atraía… o más bien, una de las pocas que no me desagradaba. De esa manera, estuve varios años metido entre pacientes, laboratorios y tubos de anestesia. Pero, día tras día, me daba cuenta que en verdad no me gustaba lo suficiente, que no me sentía feliz ahí. Fue una mañana cualquiera en que, faltando poco para recibirme, no volví más a clases. En mi casa, claro, no les gustó la decisión, pero igual mis padres se daban cuenta que ya estaba aburrido ahí, e incluso hasta medio depresivo. Así que me apoyaron, no había otro camino.

En aquel entonces tenía 24 años. Es decir, estaba consciente que, de entrar a una nueva carrera, tendría compañeros mucho menores que yo. Pero, en verdad, muy poco me interesaba eso. Para mí, aquello sólo era un detalle: lo que yo quería era encontrar una nueva vocación, y lo más importante: no volver a equivocarme, pues ya no habría otra oportunidad para enmendar el rumbo.

La revista de “National Geographic”

Cuando abandoné Odontología, tuve sentimientos encontrados. Por un lado, me sentí aliviado, pues esa carrera ya no me gustaba y lo único que quería era salirme. Pero, por contrapartida, era algo similar a estar en medio de un mar, a kilómetros de cualquier playa, pues no tenía idea qué hacer con mi vida. Ahí, todo para mí era “un mar de dudas”.

No recuerdo con exactitud qué día fue, pero esa vez yo estaba sentado en el living con mi papá. Él leía el diario y yo un ejemplar de la revista National Geographic. Mientras miraba un artículo muy interesante que trababa de los animales en extinción, yo me dije a mí mismo “y pensar que hay gente que le pagan por escribir en estas revistas y yo hasta pagaría por escribir en una”. Y ahí, sin pensarlo dos veces, le dije a mi papá “ya lo tengo: me voy a meter a Periodismo”.

En mi casa se pusieron bien contentos, pues ahora iba a seguir mi segunda carrera. Eso sí, me advirtieron: “esta sería mi última oportunidad. O terminaba Periodismo o me dedicaba a trabajar en lo que sea”. Gracias a Dios, hasta ahora he cumplido con mi tarea.

El nuevo desafío

Cuando me decidí a cursar mi segunda carrera, ya tenía 25 años. O sea, mucho más de lo que tienen la mayoría de las personas cuando entran a la universidad. Es más; no son pocos los que a esa edad ya están recibidos y trabajando. En más de algún momento, sentí un miedo enorme de intentarlo nuevamente, y darme cuenta de que, tal vez, no me iba a gustar Periodismo, igual como me pasó con Odontología. Es lógico que un pensamiento así pase por la mente, pues estaba como muy afectado con mi experiencia previa. Por eso mismo me dije: "ya estoy acá, y termino como sea. Me da lo mismo si me recibo después de los 30. No puedo dejarme amilanar por una situación adversa. Nadie confía en alguien que no sea capaz de confiar en sí mismo, así que, si nadie confía en mí, yo tengo que hacerlo".

Por suerte, me ha dado un buen resultado, hasta ahora. Ya voy en quinto año de Periodismo y Ciencias Políticas. Tengo 29 años, mucho más que mis compañeros de curso. Pero eso no me importa. Si me cambié de Odontología a Periodismo, que es la carrera que me di cuenta que era mi verdadera vocación, no es para ser un periodista mediocre, si no que para ser uno de los buenos... o por lo menos intentarlo.

“No todo es dinero en la vida”

Para mí, el dinero no es lo más importante. Claro que ayuda, pero bajo ninguna circunstancia, dinero y felicidad son sinónimos. Si así lo fuera, jamás me habría cambiado de Odontología a Periodismo. Es así como me he dado cuenta que, lo mejor de la vida, es levantarte todos los días en la mañana, y, aunque uno esté cansado y con sueño, se pueda sentir contento por estar haciendo lo que a uno le gusta.

Si a alguien tengo que agradecer esta segunda oportunidad, es a mis padres, que accedieron a pagármela, sin poner contrapeso. El día en que pueda, por fin, darme el lujo de trabajar como periodista, a quien primero se lo voy a dedicar va a ser a ellos.... ya que son los únicos que siempre han creído en mí. Claro, aparte de yo mismo, pues, como ya dije, "nadie confía en quien no es capaz de confiar en sí mismo".

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Este Blog está dedicado a SPIKE (26 de Junio de 1996 - 31 de Marzo de 2008 )