domingo, 22 de marzo de 2009

El día en que La Bestia rugió con potencia

Vengo llegando del Club Hípico, después del mega concierto que Iron Maiden hiciera hoy ante 60 mil personas. Si ya la presentación que el año pasado hicieron en la Pista Atlética del Estadio Nacional había sido excelente, la de hoy la superó con creces. Simplemente impresionante, se pasó Maiden.

Nada nuevo voy a descubrir al decir que Iron Maiden debe ser el grupo rockero más masivo en Chile. Por lo menos es, y por lejos, el que más poleras y discos vende en nuestro país. Además, tiene la particularidad de ser popular en todos los grupos socio-económicos y entre las diversas edades de la gente. Fanáticos de Iron Maiden hay desde niños pequeños hasta gente que ya tiene por sobre los 50 años: no por nada, a este sexteto ya lo avalan 35 años de trayectoria musical.

Ya cualquier religión o partido político quisiera tener una fanaticada tan fiel como la que posee Iron Maiden. La venida del grupo a nuestro país, la quinta desde que arrivase por vez primera en 1996, era esperada una vez más con devoción entre los fans, uniformados con poleras negras con el rostro de Eddie, la mascota del grupo. Al día siguiente que salieron las entradas a la venta, ya se habían vendido varios miles.

Es que Iron Maiden genera entre sus simpatizantes algo que ninguna otra banda más logra provocar ¿Por qué es este fenómeno? Porque creo que ningún grupo en el mundo mezcla tan bien potencia, pasión y virtuosismo, las tres juntas unidas que le dan la base rítmica a temas inmortales del Rock, como "Fear of the Dark", "The Number of the Beast" o "Powerslave". Además, lo digo sin tratar de caer en la exageración, que Iron Maiden debe ser el grupo más importante del planeta: eso considerando la palabra "importancia" como el equilibrio perfecto entre popularidad y calidad musical e instrumental.

No fue de extrañar que cada tema que salía al aire, era coreado en forma casi mecánica por los 60 mil espectadores que repletaron el Club Hípico. Ese verdadero mar humano quedó deleitado, una vez más, con ese trío demoledor de guitarras eléctricas, el bajo cabalgante de Steve Harris (por lejos, el mejor bajista que haya tenido algún grupo metalero), la batería de Nicko McBrian y la voz inconfundible del carismático Bruce Dickinson.

Es que el show de Iron Maiden fue redondo de principio a fin. Así, el Heavy Metal hoy tuvo su propia fiesta, ya que ante una oscura noche de marzo en Santiago, Iron Maiden volvió a unirse en un sólo grito de pasión con su fanaticada incondicional, los instrumentos hicieron retumbar los oídos y las ventanas hasta el sector de Estación Mapocho. De esta manera, en la noche de la Bestia, fue La Bestia del Rock la que rugió con potencia.

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