lunes, 26 de noviembre de 2007

Gamera destruye Tokyo

Dentro de las míticas criaturas sacadas del sub mundo del cine japonés (lo único bueno que tienen esos desgraciados asesinos de ballenas), otro de los que más me gusta es Gamera. O sea, nunca tanto como el ídolo máximo que es Godzilla o como la mariposa mutante, Mothra. Pero igual esta tortuga brutalmente bestial que es Gamera es un grosso. Acá sale luchando, como no iba a ser en otro lugar que en Tokyo (siempre pelean en Tokyo y lo dejan "pal gato") contra una criatura desconocida. Pero al mirarlo bien, me parece que es Rodan, pero no estoy seguro. Es que igual todos esos bicharracos son medios parecidos, jaja.

Bueno, no todo lo de Japón es tan malo: podrán ser unas mierdas de personas que matan a las pobres ballenas, pero por lo menos tienen a Mazinger Z, Ultraman, Godzilla, Mothra y Gamera. Ojalá que un día les apareciera Gamera en el centro de Tokyo para mantenerlos un poco ocupados y que se tengan que preocupar de eso en vez de tener que hacerlo persiguiendo a los pobres e indefensos cetáceos.

martes, 20 de noviembre de 2007

Japón aún continua con la matanza de ballenas: y nadie hace nada al respecto...

Que rabia me da ver que en el mundo, ya en pleno siglo XXI, los japoneses sigan con la indiscriminada caza de ballenas. Especies que están en un estado casi crítico como la ballena jorobada, o la mítica ballena azul, se ven amenazadas por esta “plaga de oriente”. Y lo peor: salvo Greenpeace, nadie hace nada al respecto. Amparados en hacer este crimen en “aguas internacionales”, los barcos japoneses se instalas y matan a estos pobres cetáceos, sin que nadie les haga contrapeso. Ningún país se ha atrevido a mandar un buque torpedero y hundirles sus infames barcos balleneros ¿Por qué? Obvio: no hay tanto dinero de por medio. Si fuese petróleo en aguas internacionales, estoy más que seguro que los ambiciosos de siempre estarían "saltando en una pata" por intervenir. Pero no: es “sólo la vida de unos bichos que no hablan y no pueden reclamar”. Me pregunto qué es lo que estamos esperando: ¿acaso vamos a contemplar cómo estos malditos japoneses extinguen lo más hermoso que tiene el Océano Pacífico? Pero a ningún gobierno le interesa o parece interesarle el tema. Ya sea por las llamadas “relaciones internacionales” o porque no hay dinero de por medio, nadie hace nada…. sólo mirar…

¿Qué culpa tienen las ballenas de andar en aguas internacionales?, ¿acaso saben algo de Geopolítica? No, nada. Lo único referente a esto que los mandatarios dicen es que en sus propios mares se prohíbe la pesca de ballenas. ¿Pero que pasa con todas esas cientas de ballenas que llegan nadando inocentemente hasta el mar internacional? Sólo las espera una muerte segura, de parte de los arponeros japoneses. Que injusto… Da lástima, rabia y pena ver que ningún país tiene las agallas suficientes para hacer algo referente a esto, nadie.

Horror: hoy se abre la temporada de caza de osos en Norteamérica

Que horrendo que el hombre llegue a este extremo: hoy se abre la temporada de caza de osos en Norteamérica. Dicen que tienen que estar previamente inscritos, y se comprometen a "no matar más de un oso por persona". Pero igual..... ¿que culpa tienen los pobres osos de toda esta mugre? Es injusto el mundo a veces con estas inocentes criaturas. Me pregunto cuantos osesnos irán a perder a sus padres en los próximos días, y al quedar desamparados, terminarán por morir ellos también. Es extraño: el hombre se plantea el problema del calentamiento global por estos días, pero no es capaz de terminar con prácticas tan inmundas como "la temporada de caza de osos" en Norteamérica o "las corridas de toros" en España y México ¿Para esto se supone que estamos provistas de razón? ¿No debería ser para cuidar a las otras especies en vez de para exterminarlas?

domingo, 18 de noviembre de 2007

Combaticons

Los Combaticons son un grupo de Decepticons que se caracterizan por poder transformarse en máquinas de batalla: tanques, jets, jeeps, helicópteros, etc…
Estos cinco robots se unen para formar a un verdadero titán del “mundo Transformer”: Bruticus. Los enemigos naturales de los Combaticons son los Protecticons, que son más bien pacifistas y no les gusta pelear. Eso sí, igual la lucha entre Combaticons y Protecticons es pareja, pero sin dudas que, por lo menos por fuerza y poder de fuego, los Combaticons son superiores, ya que luchar es parte de su naturaleza.

sábado, 10 de noviembre de 2007

La soledad

“Nacimos solos y morimos solos”. Con esta frase, Octavio Paz hace una personal reflexión sobre la soledad. Pero, en muchos casos, el hombre está sólo: ésta es la pandemia de la Humanidad actual.

Yo veo la soledad como algo mucho más crudo que la mera ausencia de compañía física. Estar solos es estar desamparados; entregados al mundo, sin un rumbo a seguir. Es carecer de un norte en la vida. Estar solos es confinar nuestra existencia en forma exclusiva al mundo terrenal, el de la compañía física, al de las apariencias.

El que no guía su vida por un camino espiritual, está condenado a, tarde o temprano, caer en la soledad y en una profunda depresión. Es por esto que, hoy en día, cada vez son más los que se sienten “solos”. Pues creen que, si su vida puede sostenerse sobre la base de “estar con alguien” y así ser felices, se equivocan. Es por este temor a la soledad que muchos buscar una pareja. Pero, si no se comprende qué es la soledad, ni que su remedio es la vida espiritual, poco podrán hacer cuando ya no estén con esa persona, más que buscar a otro (u otra) que le reemplace, para así no sentirse sólo.

Como ya lo dije: la espiritualidad es la única forma de no sentirse sólo. Pero, ¿qué es la espiritualidad? No se le puede confundir con la religión. La religión es para quienes creen en Dios y ven en él a un fin último. En cambio, la espiritualidad es para los que cambiaron lo más oscuro de sí, por una luz de esperanza. Hasta donde yo sé, esos son los dos únicos caminos para huir de la soledad, la pandemia de la Humanidad actual.

lunes, 5 de noviembre de 2007

Tarbosaurus Bataar

Esto es lo más cerca que he podido estar de un cráneo de Dinosaurio. Igual se veía entero bestial ese día la cabezota del Tarbosaurio. Este loquillo es un pariente cercano del Tiranosaurio, aunque en verdad era mucho más similar al Daspletosaurio que al legendario T-Rex. En todo caso, esos tres eran de la misma familia... o de la misma calaña dirán algunos. El Tarbosaurio sembraba el terror en las tierras de China y Mongolia hace unos 70 millones de años (este ejemplar, en particular, fue encontrado en el Desierto de Gobi). Incluso se cree que este predador llegó a convivir con el T-Rex. El Tarbosaurio era más cabezón que el Tiranosaurio, pero su cuerpo era más liviano, y con una densidad ósea inferior. Estudios de sus esqueletos y de las inserciones musculares hacen pensar que también su musculatura era levemente inferior, por lo cual debe de haber sido un poco más lento. Como la mayoría de los grandes lagartos, vivió a fines del período conocido como Cretácico, e incluso se cree que podría haber llegado hasta el Jurásico, lo cual no está probado, pues la competencia por el alimento que debe de haber tenido con el T-Rex es probable que haya sido temible: batallas entre este tipo de titanes, no dejaban heridos, sólo muertos.

domingo, 4 de noviembre de 2007

Calle Catedral

Esta calle comienza al costado norte de un templo católico (la Catedral Metropolitana) y termina frente a otro: la iglesia del Cristo Pobre, en Matucana, a pasos de la entrada principal de la Quinta Normal. En sus orígenes se llamó Calle de la Catedral, pero con el pasar de los años, pasó a ser denominada como “Catedral”, porque sonaba más corto al pronunciar ese nombre. En su largo recorrido, pasa por lugares muy tradicionales de la capital, ya sean edificios o plazas.
Lo más conocido de esta avenida son sus dos primeras cuadras, que resultan una interesantísima fusión entre la historia chilena y el presente, donde se ha transformado en el punto de encuentro de la cada vez más abundante población de peruanos que se ha venido a vivir a nuestro país durante los últimos años. Se calcula que, hoy en día, más de cien mil peruanos viven en Santiago, y la gran mayoría de ellos trabajan en las cercanías de la Plaza de Armas. Claro, que muchos de ellos no tienen trabajo y son esos quienes llegan todas las tardes, en forma tradicional, a sentarse a un costado de la catedral y comentar sobre la vida, sus proyectos y los recuerdos que les van quedando de su país: “Extraño a Perú. Si tuviera dinero para volver, no dudaría en hacerlo”, dice Clemente Vargas, un individuo de unos 45 años que fuma un cigarrillo mientras apoya su humanidad contra la muralla lateral de la centenaria iglesia.


*El punto de encuentro para cientos de peruanos

“Este es el punto donde nos juntamos todos nosotros los peruanos. ¿Por qué? En verdad, creo que debe ser porque es un lugar más fresquito que nos permite capear el intenso calor que suele hacer. Además, esta cuadra nos recuerda a las calles de Lima: por la iglesia, el comercio, la gente en sí. En el fondo, todos sienten que este es un lugar más peruano que chileno”, dice entre sonrisas Carlos Carmona, dueño de un centro de llamadas telefónicas. En total, deben ser unas cuarenta personas oriundas de ese país las que se la pasan todo el día ahí junto a la catedral.
“Sí, es cierto. Todos o casi todos los que acá estamos somos gente que no ha tenido la suerte de encontrar un trabajo. Y lo peor es que las pocas veces en que nos dan trabajos, son indignos. Pensar que yo me vine desde Arequipa hasta acá en búsqueda de un mejor destino, y resulta que allá, por lo menos tenía algo, en cambio acá no tengo nada. Me da rabia y pena como nos tratan los chilenos. Cuando pasan por acá nos miran como que si fuésemos animales en un zoológico”, es el triste comentario de Clemente Vargas.
Un poco más optimista es la perspectiva de Erick Rebolledo, un joven que viste la polera del Alianza de Lima, uno de los equipos de fútbol más populares del vecino país: “En todas partes es complicado encontrar trabajo. Acá en Chile no es la excepción. Pero, sin dudas, que la economía en este país está mucho mejor que en la mayoría de las otras partes de América Latina. Eso sí, las diferencias sociales que hay son tremendas, cosa de salir a la calle y te das cuenta de eso”. Sobre lo que para él significa este lugar, responde: “Me agrada pasar las tardes acá en los alrededores de la Plaza de Armas. Aquí me junto con muchos amigos que he conocido en los últimos años, peruanos todos. Eso sí, también tengo amistades de acá de Chile. Esta calle me hace sentir casi como en casa. Acá tenemos los centros de llamado y de Internet para poder comunicarnos con los parientes a distancia. Lo que sí, es que ignoro por qué todos los peruanos se juntan acá, pero lo que es cierto es que nos gusta hacer vida social en este lugar”.
Es tal la influencia peruana en esa cuadra frente a la catedral metropolitana, que casi todos los negocios ahí son de personas de dicha nacionalidad. Hay múltiples restaurantes de comida típica de ese país, como son el ceviche, la gallina tipakay, jalea de pescado, locro de zapallo o el picante de choclos. Pero, sin dudas, lo que más se ve son centros de llamadas internacionales, en los cuales se hacen precios especiales a ciudades como Lima, Cuzco, Arequipa o El Callao. Incluso se ve un café con piernas llamado “El Turista”, en el cual atienden sólo muchachas de aquel país.


*Entre turistas y monumentos nacionales

La catedral de Santiago la construyeron en 1641. Pero fue destruida dos veces a causa de terremotos. El templo actual fue hecho en 1780, a partir de un proyecto del arquitecto italiano, Joaquín Toesca (el mismo que también diseñó el Palacio de La Moneda) bajo expresa petición del entonces Gobernador, Agustín Jáuregui. El estilo que la obra presenta es un interesante contraste entre un exterior neoclásico, con sus características líneas rectas, tanto verticales como horizontales, y un interior bastante adornado, y en algunos casos incluso sobrecargado, muy influenciado por el barroco indiano que predominó en la mayor parte de las iglesias de América Latina en esos años. Fue declarada monumento nacional el seis de julio de 1951.
En el número 1158 de la avenida Catedral, se encuentra una de las dos entradas del ex Congreso Nacional, donde hasta hace poco funcionó la Cancillería. Su construcción comenzó en 1848, y fue encargada al arquitecto francés Claude Brunet pero finalizada en 1876, a cargo de su colega italiano, Eusebio Chelli. En la actualidad está en reparaciones, que incluyen pintarlo por completo y arreglar sus jardines. Esta construcción es una de las más representativas del estilo neoclásico en Santiago. Se encuentra provisto de enormes columnas corintias y el escudo nacional esculpido en lo más alto de su fachada, lo cual le da un aspecto imponente. Pasó a formar parte de la lista de monumentos históricos el 28 de junio de 1976.
Dos grupos de turistas extranjeros caminan desde la Plaza de Armas hacia la calle Catedral. Llevan consigo cámaras fotográficas y de video. Los guías les muestran el templo, mientras ellos avanzan y captan imágenes del entorno, sobre todo del campanario de la iglesia y el reflejo de éste en la superficie de cristales del “Edificio Plaza de Armas”. Uno de ellos abre la puerta del café “El Turista”, e ingresa con cierto grado de curiosidad, pero sale de inmediato. Prosiguen hasta la cuadra siguiente, donde permanecen unos minutos frente al ex Congreso Nacional, sacan unas fotos para recuerdos, y se devuelven por el mismo camino en que llegaron.


*Una calle llena de contrastes

En el número 1183 está la Academia Diplomática de Chile, el cual es un edificio blanco con columnas. Se encuentra justo frente a la otrora sede del Poder Legislativo. Justo en la esquina con Morandé sobresale una enorme cúpula de cobre, la cual es el techo de un edificio de color blanco: ese es el llamado “Hotel Español”, uno de los más característicos del centro de la ciudad. Las antiguas construcciones hasta ahora descritas, contrastan con la modernidad de enormes edificios que están sólo algunos metros más hacia el oeste: el “Edificio Congreso” que es atravesado por una calle (Sótero del Río) o la torre que es sede de Sonda, justo en la intersección de Catedral con Teatinos.
Al llegar a San Martín, está la Plaza Santa Ana, y el templo del mismo nombre. Esta iglesia (que data de 1854), de color damasco, destaca por su cúpula y el reloj de su frontis. Es otro de los monumentos nacionales que hay en esta calle. Pasó a formar parte de dicha lista el 29 de octubre de 1970. Al costado de ahí, está la Vicaría de la Pastoral Universitaria, que es una casa del mismo color damasco que tiene la iglesia.
Poco más allá está el paso bajo nivel de la Carretera Norte-Sur y de la Línea Dos del metro. Ya en el número 1772 de esta calle se ubica un edificio que pertenece a las oficinas centrales del Servicio de Registro Civil e Identificación, el cual es una construcción bastante moderna, cubierta de ladrillos. Las veredas se tornan angostas, pero a la vez muy irregulares. En este trazo de la calle, el suelo está muy sucio, lleno de basura botada en todas partes. Incluso hay un rincón al lado de una casa, que se nota que ha sido usado como baño público en múltiples oportunidades.
En las cercanías de la estación Cumming del Metro, se puede apreciar un gran contraste entre los jardines bien cuidados de los edificios de departamentos, con todos los papeles y envoltorios que están tirados en la vereda. Poco después está la iglesia San Antonio de Pádua (terminada en 1860), perteneciente a los Capuchinos y Franciscanos. Es una construcción de color rosado con columnas blancas. Es conocida porque acá se venera al Padre Pío, de quien hay una imagen justo en la puerta principal. En el patio de dicho templo hay una estatua de San Francisco de Asís, con una gran cantidad de flores que le dejan sus fieles y devotos.


*“El Faro del Fin del Mundo”

En la esquina con General Bulnes, hay una casona antigua de color gris. Es la sede del Colegio de Profesores de Chile. La mayoría de las casas por ahí son casas antiguas y a mal traer, muchas de ellas con paredes de adobe. Casi todas las murallas tienen graffitis de colores. Cerca de ahí hay un sitio eriazo. En aquel lugar se ven una choza hecha de cartones y trapos viejos, y al lado una casa de perro, en bastante mejor estado. En la casucha hay un indigente que le habla en forma muy amistosa al can que está a su lado.
Llegando al término del recorrido, está la Avenida Matucana. Justo en esta esquina está la Escuela Experimental de Niños República de Estados Unidos, ex Escuela Salvador Sanfuentes. Frente a ella hay un terreno vacío, el cual se suponía que iba a estar destinado para una de las estaciones intermodales del Transantiago, la cual nunca se construyó. Al frente se puede ver la entrada principal de la Quinta Normal, y al lado de ella la iglesia de El Cristo Pobre.
Pocos metros antes de llegar a Matucana, llama la atención la presencia de “El faro del Fin del Mundo”. Pero este "faro del fin del mundo", nada tiene que ver con aquella famosa novela de Julio Verne, sino que se trata de un antiguo almacén de barrio que lleva ese mismo nombre.

Cerro Santa Lucía

Todas las ciudades del mundo tienen una obra monumental que las hace ser características. En Nueva York está la Estatua de la Libertad, en Paris la Torre Eiffel, en Buenos Aires el Obelisco, en Rio de Janeiro el Cristo Redentor, en Washington el Capitolio, etc... Pero Santiago no tiene nada que envidiarles, pues acá tenemos el Cerro Santa Lucía.

Originalmente era sólo un peñón de 69 metros de altitud. Los aborígenes lo llamaban "Huelén", lo cual significa "dolor, melancolía o tristeza" en su lengua nativa. Fue en este lugar, aparentemente sin mayores atractivos, donde Don Pedro de Valdivia fundó la ciudad de Santiago el día 12 de Febrero de 1541.

Pero recién a mediados del siglo XIX, al intendente Benjamín Vicuña Mackena se le ocurrió la genial idea de hacer de ese peñón desprovisto de vegetación un punto turístico. Para eso se inició el titánico proceso de cubrirlo con tierra, y reforestarlo. Posterior a ésto, se instalaron en él senderos, plazoletas, miradores, y estructuras que simulaban a los fuertes españoles, a los castillos medievales e incluso un imponente arco que queda casi a la entrada.

Recorrer este lugar, ya sea acompañado o sólo, nos hace retroceder en el tiempo, y sentirnos como si estuviésemos instalados en algún lugar del viejo mundo. Sí, durante esos tiempos pasados, en donde aún se creía en gnomos, brujas y dragones...

sábado, 3 de noviembre de 2007

Hoy se cumplen 50 años de la muerte de la perrita Laika

Hoy, 3 de Noviembre del 2007, se cumplen exactos 50 años del lanzamiento del primer ser vivo al espacio: la perrita Laika.

Es probable que pocos se vayan a acordar de este acontecimiento: Corría el año 1957, y partía desde el Cosmódromo de Moscú el Sputnik 2. El tripulante no era un humano, si no que una perrita de raza indefinida, que había sido entrenada especialmente para la ocasión.

Por desperfectos de la nave, la operación fue aplazada dos días. Esos dos días, Laika tuvo que permanecer encerrada en el módulo espacial, del tamaño de una lavadora. El frío del lugar era realmente intenso, así que los encargados le echaban agua caliente con mangueras para calentar el cuerpo de Laika.

Llegó el día del lanzamiento. El Sputnik 2 se elevó por los cielos, con Laika adentro. Nunca antes otro ser vivo llegaba al espacio exterior. El calor y la vibración adentro del satélite, hicieron que el pulso de la perrita aumentara tres y hasta cuatro veces lo normal. Al final, falleció de un paro cardíaco. Los latidos del can dejaron de sentirse exactamente cinco horas después del lanzamiento. Pero Laika ya había sido puesta en órbita espacial. Había perecido, pero su nombre pasaba a la historia.

Después de Laika, la Unión Soviética envió a cuatro perros más al espacio exterior: todos fallecieron y quedaron como mártires anónimos de la carrera espacial. Pero los conocimientos obtenidos permitieron enviar al célebre cosmonauta Yuri Gagarin al espacio dos años más tarde.

En la actualidad, los restos de Laika descansan junto a los de Gagarin en una de las principales plazas de Moscú. Es probable que Laika sea el animal más célebre en la historia de la ciencia (junto al bulldog llamado Mac, a quien se le hizo el primer transplante de corazón de todos los tiempos).

Un día como hoy, 3 de Noviembre del 2007, miraré al cielo en la noche. Y veré las estrellas. Sabiendo que de todas las estrellas, hay una en particular que nos cuida desde el más allá: la perrita Laika, la primera mártir de la carrera espacial, cuyo nombre será recordado por las generaciones futuras, pues con el correr del tiempo, pasó a ser de una perrita de raza indefinida a una leyenda de la Historia Universal…

A la perrita Laika con cariño
Q.E.P.D.

viernes, 2 de noviembre de 2007

Historia verídica de mi vida

Iván iba en tercer año de Odontología. Cuando entró a esa universidad, le fue bien el primer año, pero tanto en segundo como en tercero se había quedado con un ramo, lo cual le había implicado tener que estar todo el año haciendo sólo esa pura asignatura: pasar ya dos veces por esa situación era algo angustioso. En verdad, él ya se había dado cuenta de que esa carrera no era lo suyo, pero tampoco se atrevía a abandonarla. En el fondo, él estaba consciente de que una cosa es darse cuenta que a uno no le gusta algo que se estudie, pero otra cosa muy distinta es atreverse a dar un paso al costado y retirarse, sobre todo cuando se va en tercer año, pero se ha estado ya cinco años metido ahí dentro. Así es que por ese mismo motivo decidió seguir adelante.


Se le hacía muy complicado seguir yendo a clases. El camino desde la casa a la universidad era largo. Caminaba lentamente en las mañanas hacia el metro, con la vista perdida en el horizonte. Bajaba las escaleras pensando en que en pocos minutos más estaría en esas aulas escuchando clases que no le agradaban, y siguiendo una rutina que ya lo tenía aburrido. Mientras tanto, levantaba su vista para ver el metro acercándose, empañado por el frío, el cual al abrir sus puertas dejaba salir todo el vapor, y ahí la gente que iba adentro parecía respirar aliviada por un par de segundos, antes de volver a cerrarse y quedar transformado nuevamente en una lata de sardinas a punto de estallar. Después de bajarse del tren, su caminar hacia su universidad era lento y pausado. En el fondo, ya no sentía ese impulso para ir a allá, pero llegaba más bien por inercia.

Una vez en clases, a cada rato se cuestionaba si eso era o no lo suyo. Pero él tenía miedo a dar un paso atrás, a retirarse en tercer año. Sentía que si hacía algo así, habría fracasado. Miraba a su lado, y veía a sus padres triunfando en la vida, a su hermano como el mejor alumno de su carrera: él no podía fallarles. En el fondo, esta suerte de “presión”, era él mismo quien se la auto-imponía, pues en su casa, nunca nadie le dijo nada al respecto. De hecho, las pocas veces que se le tocó el tema, siempre fue de muy buena manera. Un par de oportunidades, su madre le dijo que lo notaba como que andaba triste: “¿Qué te sucede?”. Él pensó en decirle la verdad, que en realidad ya no aguantaba más esa carrera. Pero, por el contrario, y para “evitarle complicaciones” a sus padres (a quienes quería mucho), respondió: “No, nada. Estoy bien así. Sólo un poco cansado, pero nada grave”.


Así iba todo. Parecía un círculo vicioso: mientras más le desagradaba su carrera, menos estudiaba. Mientras menos estudiaba, más mal le iba en las pruebas. Mientras peor le seguía yendo, más parecía comenzar a aborrecerla. Con esta trama de acontecimientos, el que haya reprobado el año era algo casi inevitable. Al saber que tendría que hacer de nuevo tercero de Odontología, entró en un momento de dura depresión. Pero se dijo: “Bueno, ya estoy acá y tengo que seguir adelante. En verdad, cerca de un 95% de la gente no trabaja en lo que realmente le gusta… y tal vez estar dentro de ese 95% no es tan malo”. Con esa mentalidad decidió continuar, sin decirle a nadie que ya no le gustaba su carrera.

Así llegó el año siguiente. Iván se había propuesto pasar todos los ramos sí o sí. En rigor, tampoco tenía tantas asignaturas: sólo los tres que había reprobado el año anterior. Comenzó el período escolar, y ahí estaba él con la mejor de las disposiciones. Iba a las clases y ya no le iba tan mal en las pruebas. Se juntaba con su grupo de amigos para estudiar, y le estaba dando resultado. Aunque el problema de fondo no había variado ni un ápice: estaba conciente de que esa carrera ya no le gustaba, pero lo que ahora le importaba era terminarla sea como sea.


Para nuestro protagonista, su familia era algo muy importante. El entorno familiar que él poseía era muy unido. Se componía de sus padres, su hermano y su perro Spike. Si había alguien a quien él admiraba en esta vida era a su padre. Lo veía como un ejemplo en todo aspecto: como papá, como buen profesional, como persona. Él admiraba de su padre, entre otras cosas, por el gran bagaje cultural que éste poseía. Debido al gran cariño que sentía por él, fue que para Iván fue mucho más duro enterarse que su progenitor padecía de una enfermedad muy grave: cáncer. Cuando supo esa noticia, todo para él se le tornó oscuro. Esa aparente bonanza en su perspectiva de ver las cosas se fue abajo. Le volvió el bajón y la desmotivación por estudiar. A fin de cuentas, se le vino todo encima. Su papá fue hospitalizado y comenzó a ser tratado con radioterapia.

En un comienzo, Iván pensó en salirse de la universidad, pues ya no aguantaba más. Pero prefirió seguir iendo a clases, para no complicar aún más la situación. La familia era muy creyente, y se encomendó al Padre Pío para que el papá se mejorara. Todos los días, la mamá iba a visitarlo al hospital. Iván y su hermano Pepe también trataban de ir lo más seguido que podían, en lo posible. En un comienzo, los doctores, después de ver los exámenes preliminares, dijeron que la enfermedad había sido detectada en forma tardía. Concluyeron que ya había metástasis en la columna, y el pronóstico no fue nada de alentador: con suerte serían seis meses más de vida. Más bien fue funesto, destructor, terrible.


El pronóstico que se dio para la enfermedad del papá, fue un golpe devastador para el resto de la familia. Todos se pusieron muy tristes. Pero la mamá les dijo a sus dos hijos que había que seguir adelante y encomendarse a Dios. Pero lo curioso sucedió, o tal vez, más que algo “curioso”, podría ser calificado casi como “milagroso”. Fue pasando el tiempo, y él se fue mejorando de a poco. Extraño, pero cierto: la metástasis en la columna fue desapareciendo. De hecho, pasaron los seis meses proyectados que le quedaban, y él ya estaba bastante mejor, sobre todo de ánimo. Todos creyeron que la vida le estaba dando una segunda oportunidad. Ahora, ya no dedicaría todo su día a trabajar: se tomaría el tiempo con más relajo, y aprovecharía también de hacer todas esas cosas que le gustaban. En ese momento, Iván se dio cuenta de una cosa: la vida, en verdad, daba la posibilidad de tener segundas oportunidades.

Su padre volvió a casa en verano. Alcanzó a estar seis meses hospitalizado en el mismo hospital donde trabajaba. Iván ahora estaba en cuarto año de Odontología: le faltaban dos años de esa carrera que se le había hecho eterna: “¿En qué diablos estaría pensando el día en que me decidí a estudiar Odontología?”, se preguntaba casi todos los días. Se había propuesto que ésta sería la última oportunidad para re-encantarse con esa carrera. Pero, pese a que ya estaba mejor de ánimo, porque su padre se había mejorado de esa enfermedad tan complicada, igual no podía estar tranquilo por la intensa crisis vocacional que lo aquejaba y atormentaba durante día y noche. En eso estaba cuando un día, que podría haber sido un día cualquiera, él tomó una revista National Geographic, y se puso a leerla. En ese instante, se dijo a sí mismo: “Mmm… que entretenido el trabajo que hacen las personas que escriben en esta revista ¿Y si yo me dedicara a algo así? ¿Por qué no? Mal que mal, a mí me gusta leer, me fascina mucho escribir, tengo mucha curiosidad por conocer cosas nuevas. Estoy seguro que no soy menos capaz que las personas que trabajan en este tipo de medios. Además, en algo así, podría usar la cultura general que manejo, más muchos de los conocimientos en Biología que poseo gracias a mis estudios de Odontología. Ahora que lo pienso, podría llegar a ser uno de los mejores periodistas científicos de Chile. Mal que mal, esa área es muy poco explorada dentro del Periodismo”. Y fue en ese momento en que Iván se decidió finalmente a contarles a sus padres que ya no quería seguir en Odontología, que prefería dar un paso al costado para estudiar otra carrera. Fue ahí cuando decidió poner en práctica el lema que ha inspirado toda su vida: “El Mundo es de los que se atreven” (sí, el mismo lema que lo había ayudado innumerables veces a superar esa timidez que lo aquejaba cuando era pequeño, pero esa es otra historia…).

Quedaba, eso sí, ver cómo ellos iban a recibir la noticia. Pues podía darse que sus padres no aceptaran el que él abandonara la carrera en cuarto año. Pero para su sorpresa, acogieron la noticia en forma casi positiva: ellos lo conocían tan bien, que sabían muy bien por el momento en que él estaba pasando. Lo apoyaron totalmente, y sabían que había tomado la decisión acertada. Él siempre estuvo muy agradecido del incondicional trato que recibió de su papá y su mamá. Estaba contento, pues la vida le daba una segunda oportunidad, igual que a su padre. Fue ahí cuando dejó atrás la Odontología para tomar un camino diametralmente distinto: el Periodismo. Algunos criticaron su decisión, diciendo que “es un error dejar Odontología, siendo que es tan buena carrera”. Bueno, para ellos, el concepto de “buena carrera” es desde la perspectiva económica. Pero para él, era mucho más importante el poder hacer algo que le guste: “Creo que no debe de haber nada más impagable que levantarse en las mañanas y agradecer que uno hace algo que le es agradable, que sea más bien un hobbie que una obligación. Eso de sentir que tu trabajo es un pasatiempo y dar gracias por hacer lo que a uno realmente le guste, debe de ser gratificante”, se dijo a sí mismo en ese momento.

Se dedicó varios meses a ver universidades donde estudiar. Pero más que nada, a prepararse anímicamente: sabía de antemano que no sería algo fácil iniciar todo de nuevo. Entrar a una carrera nueva, con compañeros seis años menores, que de seguro le preguntarían qué había hecho todos esos años, una y otra vez. Pero Iván era un tipo muy positivo, muy seguro de sí mismo, y sobre todo de buen carácter. Sabía que siendo él mismo, no tendría problemas para relacionarse con esas personas, sin importar que fuesen seis años menores o seis años mayores. Así, entró a Periodismo y Ciencias Políticas, con 25 años cumplidos, pero dispuesto a salir adelante y llegar a ser uno de los mejores en su carrera. Mal que mal, él sabía que cuando está motivado es capaz de mucho. No sería así si su lema no fuese otro que “El Mundo es de los que se atreven”.

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Este Blog está dedicado a SPIKE (26 de Junio de 1996 - 31 de Marzo de 2008 )