lunes, 13 de agosto de 2007

El "General Bielsa" se viste de Mesías: inédito

Recientemente, la ANFP anunció la contratación de Marcelo Bielsa como entrenador de la selección nacional.

Esto lo evalúo como bueno y malo a vez. Bueno, porque es un director técnico con un vasto currículum, el cual ha ganado la Copa Libertadores y el torneo argentino con equipos pequeños (Vélez Sarfield y Newells Old Boys, respectivamente), además de dirigir a su selección en el mundial de Corea-Japón 2002. Su perfil de hombre serio, autoritario y enérgico calza perfectamente como la oposición a ese comportamiento farandulero y pueril de la mayoría de los futbolistas criollos. Tal vez éste sea su punto más fuerte.

Sus puntos bajos, aparte del sueldo estratoférico, que va a cobrar mes a mes, se aprecia desde el punto de vista netamente futbolístico. Bien es sabido que Bielsa es un “estudioso” del fútbol, lo cual es bueno. Pero el drama surge cuando se ve toda esa presunta sapiencia plasmada en el campo de juego: ese supuesto “vértigo” que pretende imponer se traduce en verdaderos “correcaminos” que aceleran en línea recta por la cancha, pero que dejan de lado la pausa, el pase en profundidad, la gambeta y la pared que hacen los jugadores talentosos. Esto es porque Bielsa no cree en los jugadores habilidosos, sólo en los atléticos que desgastan al rival, tratando de ganarles más por cansancio que con buen fútbol. Bien es sabido que Bielsa no usa conductores, que con él Riquelme no tenía cabida en el once titular de la albiceleste, o que jamás se atrevió a poner a crespo y Batistuta juntos en punta. No olvidemos que é privilegia la táctica por sobre la técnica individual, el estado físico por sobre el talento innato, la famosa “pizarrita” por sobre la magia del fútbol. Esperemos que este estilo cuadrado y pragmático levante a la alicaída selección chilena: yo lo veo complicado.

miércoles, 8 de agosto de 2007

Ozzy Osbourne: la leyenda viviente de Heavy Metal

John Michael Osbourne podría haber sido un tipo como cualquier otro, pero no: el destino quiso que fuese el rockero más importante desde los 70s hasta la fecha.

Nació en la ciudad de Birmingham hace 59 años. ¿Qué se puede decir de esta importante urbe británica? Tal vez fue la neblina que ocultaba cualquier atractivo posible que pudiese tener esa ciudad industrial del norte de Inglaterra o el gélido clima que ahí existía, pero la verdad es que Birmingham nunca se prestó como un lugar propicio para que ahí brotaran las flores del movimiento hippie, el cual se expandía como una pandemia por toda América y gran parte de Europa. En este entorno creció John Michael Osbourne: una ciudad donde los cuervos abundaban sobre los techos de las casas, y el humo de las chimeneas no dejaba pasar la luz del sol.

Físicamente, era un tipo alto, de contextura intermedia, pero que se cuidaba para no desarrollar esa típica barriga que se forma en la gente que bebe mucho alcohol (uno de sus pasatiempos favoritos, junto con la música rock). De rasgos gruesos y abundantes tatuajes en todo el cuerpo, destacándose uno que semejaba ser la cabeza de un demonio, el cual cubría parte de su torso, y las letras “O”, “Z”, “Z” e “Y” sobre cuatro de sus nudillos, los cuales al empuñar la mano dejaban ver el nombre del apodo que lo hacía famoso en todo el mundo: “Ozzy”, el cual no era más que el disminutivo que usaba en sus tiempos de escolar, en clara alusión a su apellido. La imagen de Ozzy era la de un muchacho rebelde: vestía entero de negro, con chaqueta y pantalones de cuero. Sobre su pecho brillaba en forma intensa una cruz de hierro, que era un símbolo imperial del Egipto clásico. El cabello largo y liso, siempre mojado, la piel pálida como un fantasma, y sus enormes lentes oscuros que cubrían sus ojos intensamente azules le daban un aspecto perverso, el cual se acentuaba aún más cuando se pintaba los párpados de color negro.

Pese a su aspecto desordenado, Ozzy era un estudioso de la música. Durante el día se pasaba gran parte del día componiendo y ensayando con sus compañeros de banda, a la cual llamaban “Black Sabbath”. Como todo joven, disfrutaba de la vida nocturna, en pubs principalmente. Nunca fue un tipo muy de ir a bailar, porque jamás le llamó la atención eso de conocer mujeres en discotheques. En verdad, tampoco necesitaba de ese método para hacerlo, pues, debido a su fama a nivel mundial, éstas se le acercaban solas. Este grupo de señoritas eran las llamadas “grupies”, las cuales se especializaban en salir con rockeros de popularidad indiscutida, como: Mick Jagger, Frank Zappa o Steven Tyler. Lo que si solía hacer mucho en sus años mozos era salir a tomarse un trago junto con sus amigos, todos músicos de rock, al igual que él. Y otro de sus pasatiempos favoritos era, como todo muchacho inglés, acudir en forma casi religiosa al estadio los fines de semanas a alentar al equipo de fútbol de su barrio: el Aston Villa, el club más popular de Birmingham, perteneciente al barrio de Aston, en el cual nació y vivió durante toda su infancia y juventud.

Ozzy era un joven chistoso, alegre. Era común que la gente se engañara con él: ese aspecto semi vampirezco que tenía, asustaba a los niños, y las ancianas lo creían satánico. Pero detrás de aquella careta de hombre rudo y sin sentimientos, se mostraba el John Michael Osbourne de verdad, quien era muy afable, amistoso y sobre todo con un notable sentido del humor. Una de las características más destacables de él era su fidelidad con los amigos, a quienes en algunos casos consideraba verdaderos hermanos. Dentro de este grupo de privilegiados podemos contar a su inseparable compañero, Randy Rhoads (quien también era su guitarrista), el cual murió trágicamente en un accidente aéreo. Fue un golpe durísimo para Ozzy, pero en ese momento supo mostrar toda su fuerza interior, y logró salir a flote, y re-lanzar su carrera como solista.

En la actualidad, Ozzy es padre de familia, y vive junto a su esposa y dos de sus hijos en una masión en California, U.S.A. Su apariencia física no ha cambiado mucho desde esos años de locura y oscurantismo, su genialidad musical tampoco. Pero si hay algo que ahora lo caracteriza es su preocupación por sus hijos: que no salgan solos a las fiestas, que avisen con quien van a pasar la noche, que de tener relaciones usen preservativos, etcétera. El tiempo pasa para él, como para todos los mortales, pero cada día que transcurre, avanza a pasos agigantados a convertirse en una leyenda del rock: algo que probablemente todos los entendidos lo saben a ciencia cierta, pero que él parece ignorar, pues su humildad y serenidad para afrontar la vida sigue siendo la misma de siempre; la misma que poseía cuando tocaba ese rock potente con riffs sumamente crudos, encerrado en un sucio garage con sus amigos de “Black Sabbath”, por allá por 1969.

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Este Blog está dedicado a SPIKE (26 de Junio de 1996 - 31 de Marzo de 2008 )