viernes, 13 de abril de 2007

Crónica de mi primer encuentro cercano con el Transantiago (Febrero del 2007)

Desde que comenzó el mentado Transantiago (“Transguatazo” o “Transcagazo” para los amigos, jaja) que todos los santiaguinos hemos tenido diversos percances. A decir verdad, yo nunca he sido muy amigo del transporte público en Santiago, pues si bien antes había que lidiar con choferes idiotas, hoy en día el mayor percance es poder subirse a las micros, muchas veces a empujones con la gente.

Remontándome a Febrero del 2007 me acuerdo que tuve que esperar la módica suma de 45 minutos a la 403 en el metro Irarrázaval. La espera me pareció eterna, y no tanto por el tiempo en sí el cual estuve ahí parado en la acera con todo ese calor, si no que más bien por la sonajera de tripas que tenía a esas alturas (ya que era plena hora de almuerzo). Siempre he creído que cualquier espera, hasta las más eternas, se hacen mucho más cortas cuando se acompaña de buena música, así que saqué mi aparatito de mp3 (recién nuevo de la Pascua) y me puse a rockear escuchando Iron Maiden, Ozzy y Metallica… y en eso estaba de lo mejor cuando veo a lo lejos el parsimonioso andar de ese microbús con el número 403. A todo eso, ya éramos casi medio centenar de personas esperando para poder subirnos a una micro que ya venía llena: la patética guerra por agarrar un cupo cobró sus víctimas, y no pocos se quedaron abajo “puteando” y las caras largas estaban a la orden del día. Por suerte yo me logré subir a una micro que era una verdadera “lata de sardinas” y a empujones (pero “empujones con estilo”, así despacito, no caballazos a lo bruto) me fui abriendo camino por ese mar humano hasta llegar al pasillo (el cual lo menos que parecía era un “pasillo”). Pero ese es sólo el comienzo, pues como la micro iba tan llena, no se detenía en ningún paradero, y se ganaba todos los improperios de la gente que estaba abajo esperando el ansiado transporte público. La parte más trágica de esta historia es cuando la micro llegó hasta la interjección con Pedro de Valdivia, pues ahí las personas se tiraron a la calle con la intención de bloquearle el paso a la micro, la cual paró de imprevisto, provocando la caída de varios de los que iban arriba. Quienes estaban abajo desataron su furia contra el microbús, y lo comenzaron a golpear: yo sentía como éste se movía de un lado hacia otro, y de puro nervioso me salió como una sonrisa, pero era más bien una sonrisa de incredulidad por lo que eran capaces de hacer algunos con tal de subir a la micro que por el hecho de que lo encontrara chistoso (lo cual distaba mucho de serlo). Incluso pude ver a una señora que, de pura angustia estaba llorando. Pero la detención del micrero (u “operador” como se les llama ahora con esta extraña nomenclatura del Transcagazo) fue momentánea, así que decidió “hecharles la máquina encima” (término muy de los micreros, pues siempre se refieren a “la micro” como “la máquina”), con lo que esos que intentaban impedir que el bus avanzara no tuvieron otra alternativa que correrse de su camino. Finalmente llegué a mi destino (a esa altura mis tripas ya tenía una verdadera sinfonía de pura hambre), pero estaba en una parte aliviado de llegar sano y salvo a mi “hogar dulce hogar”, pero por otra parte estaba enojado por el tiempo que me tocó perder y por el mal rato. Bueno, esa es en pocas palabras la crónica de mi primer encuentro cercano con el Transantiago, el cual con el correr de los mese ha ido mejorando (a paso de tortuga, pero ha mejorado… bueno, por algo también se le dice “Transtortuga”).

No me gusta entrar en política, pero creo que alguien que tiene mucha culpa de todo esto que ha sucedido es el ex presidente Lagos, quien hasta ahora no se ha pronunciado. Esa misma soberbia y arrogancia que lo caracterizaba debería hoy en día impulsarlo a hacer un mea culpa para descomprimirle el ambiente a la Señora Bachelet, que realmente no sabe que hacer con el tema éste. Tal cual como una vez Lagos se hizo famoso diciéndole al General Pinochet “Yo lo emplazo señor presidente a que le de una explicación a todos los chilenos”, yo le digo casi lo mismo ahora: “yo lo emplazo señor ex presidente a que le de una explicación a todos los chilenos”…. Cómo se da vuelta la tortilla, ¿o no?

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